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lunes, 24 de noviembre de 2014

¿Por qué tienen más éxito los refritos?

En estos días, desde que terminó La Malquerida, y especialmente desde que terminé mi propia versión 2.0, quise buscar una nueva novela que destripar, lo de disfrutar, sólo lo se una vez empezada. Pero antes de poder elegir, me topé con una noticia que me desconcertó, y que me hizo plantearme por qué tienen más éxito los refritos o las nuevas versiones que las novelas originales. La noticia en cuestión trataba sobre el cambio de horario que van a sufrir Los Miserables, la novela de Arámbula en Telemundo, por Tierra de Reyes, el nuevo refrito que la cadena está preparando de Pasión de Gavilanes. Por otra parte, también vi los buenos datos que ha venido teniendo desde su estreno La Sombra del Pasado, refrito de la inolvidable El Manantial, y aún me cuestioné más el por qué del sí a los refritos y el no a las originales.

Lo cierto es que de estos dos refritos que he mencionado, sus historias originales me emocionaron. Recuerdo tanto Pasión de Gavilanes como El Manantial, recuerdo a los actores, y por supuesto, recuerdo la historia. Habiendo ya visto las originales, catalogando ambas como buenas novelas, aún me cuesta más entender cómo es posible que sus refritos sean, por un lado una apuesta de Telemundo para el horario estelar, y por el otro la responsable de superar los puntos de rating que dejó La Malquerida. ¿Será que los espectadores no quieren originales? ¿Será que los espectadores prefieren ver una nueva versión de una historia que ya conocen? Y esto último, siempre y cuando se trate de una nueva versión, porque normalmente los cambios introducidos en la trama son mínimos. ¿O será que quieren ver una novela que en su momento disfrutaron pero con rostros y escenarios nuevos?

Empezar una novela de cero tiene sus riesgos, y yo por lo menos, como novelera, los asumo. Te arriesgas a que la trama de un giro inesperado que no te gusta, que los personajes tengan vivencias o actuaciones con las que no estás de acuerdo, y que la historia te mantenga en vilo, pensando en que sucederá después. ¿Pero no es esa la magia y la gracia de todo ésto? Aunque, no nos engañemos, es muy difícil que una novela te sorprenda en el final, las parejas protagonistas siempre quedan juntas (¡cómo me gustaría que por una vez no fuese así!), los villanos siempre pagan sus fechorías (¡cómo me gustaría un poco de realismo alguna vez!), quien se ha comportado mal pero sin ser villano se arrepiente (¡cómo quisiera ver que alguien simplemente asume las consecuencias sin flagelarse!). Por lo tanto, y dicho todo ésto, ¿no sería más lógico que se disfrutase más de una historia original de principio a fin y no de un refrito?

En este punto debo aclarar que yo tengo una rareza ciertamente particular con los libros. Cuando elijo un libro nuevo siempre, siempre, leo el primer y el último párrafo del mismo, y si con la lectura de estos dos párrafos el escritor no ha conseguido despertar a mi imaginación, no pierdo el tiempo en leérmelo. Es una rareza, lo sé, pero tiene mucho que ver con la forma en la que yo disfruto, imagino, y vivo un libro. Yo no leo un libro durante dos meses, yo me encierro un fin de semana para devorarlo, o estoy un par de semanas sin hacer otra cosa en mi tiempo libre que no sea leer. Pero esa soy yo. La misma que cuando escoge una telenovela la escoge por un todo, la escoge porque la han enganchado. Y es así, me engancho de la historia, me engancho con el elenco, y sobre todo me engancho una vez veo el trailer. No me engancho con una historia que ya he visto o que puedo ver si así lo quiero, así es el mundo de internet, no me engancho de lo que ya conozco, me engancho de lo nuevo. Me quejé muchísimo de La Malquerida, prueba de ello son todos los post que a la misma dediqué, pero aún así seguí pegada día a día, capítulo a capítulo, y eso no hubiese pasado si hubiese sido un refrito. ¿Por qué para que perder el tiempo con algo que ya sabía como acabaría? ¿Por qué esperar que la historia diese ese vuelco tan esperado? ¿Para qué si ya se había hecho antes?

Tal vez soy una novelera rara, no sólo una lectora rara, e igual que necesito leer el primer y el último párrafo de un libro para decidirme por él o no, igualmente necesito que me den la magia de no saber que pasará en los ciento y pico capítulos que dura una telenovela. Si es así, si soy una novelera rara, he de reconocer que, me gusta ser una novelera rara.