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jueves, 7 de julio de 2016

Que desilusión Televisa.

Cuando era pequeña, en casa de mis padres, teníamos una habitación a la que bauticé como "la habitación de la música", todo porque mi padre, un gran aficionado a ella, tenía en la citada habitación cientos de discos, además de miles de libros, que disfrutaba en su viejo tocadiscos. Con el tiempo esa habitación también se convirtió en la habitación de la televisión, aunque para mi abuela y para mí se convirtió (a escondidas) en nuestro paraíso telenovelero. Aún recuerdo la primera tarde que nos sentamos a ver juntas Cristal, y la discusión que la pobre tuvo luego con mi padre, que tenía miedo de que abandonase la lectura por la televisión.

Nunca pasó, siempre me gustó, y me gusta leer, soy aficionada a todo tipo de libros, aunque las novelas históricas han sido siempre mi mayor debilidad. Con los años, como él pretendía, seguí cultivando mi amor por la literatura, por el arte, por la música, pero por desgracia para mi pobre padre, también seguí cultivando mi amor por las telenovelas, y el mundo de la televisión en general. Tanto lo cultivé que no le llegó por sorpresa cuando anuncié que llevaba años escribiendo, que ya tenía muy avanzada una telenovela, y que quería aparcar mi carrera como abogada para dedicarme a la producción. No le pilló por sorpresa, pero estoy segura que en ese momento se acordó de mi abuela y aquella tarde en la que nos "pilló" viendo Cristal, si ella aún viviera estoy segura de que hubiesen tenido otra bronca, aunque también estoy segura que ella sería la que más me estaría apoyando en este momento de mi vida.

Siempre he disfrutado de todas las producciones que han caído en mis manos, si bien es cierto que pasaba por muchas de ellas de puntillas, siempre y cuando no fueran una producción de Televisa. Esas las veía completitas. Disfruté de La Mentira, El Manantial, Amor Real, Yo No Creo En Los Hombres, Lo Que La Vida Me Robó, Rubí, Teresa, La Madrastra y así un largo etcétera. Si recogiese aquí todas las que he visto, ¡me quedaría sin caracteres! Así que es fácil de entender la enorme desilusión que se ha apoderado de mi persona, o más bien, la desgana con la que he ido cogiendo las más recientes producciones de Televisa. Tal es la desgana que ya no busco un momento en mi semana para ponerme al día, ya no me levanto un poco antes para ver el capítulo de la noche anterior de mi telenovela en turno mientras hago el desayuno, me arreglo para ir a trabajar, o llego tarde a una cena porque estoy picadísima y no puedo dejar de ver un sólo minuto.

Las novelas de hoy en día, y me vienen a la mente Sueño de Amor o Las Amazonas, han dejado de lado la evolución lógica de la novela para estancarse en clichés, en argumentos absurdos, en movimiento de fans en redes sociales, en uso de personajes de renombre en la industria sin darles peso alguno a sus papeles [sí, aquí me refiero en particular a Victoria Ruffo] y así un largo etcétera. No dan cabida a ideas frescas, no dejan atrás unas absurdas directrices o convencionalismos arraigados que nada tienen que ver con la sociedad actual, no quieren ideas nuevas, no quieren gente nueva, y ya nada tienen que ofrecer.

Cuando empecé mi telenovela, la mía propia, con mi argumento original, la empecé a escribir pensando en tres actores en concreto. El protagonista que no era bueno, pero tampoco malo, sólo humano, lo hice pensando en Sebastián Rulli, y mientras escribía le visualizaba a él en cada línea, en cada escena. De protagonista no quería a otra que a Adriana Louvier, porque es tan fantástica que hubiese podido dar esas vueltas que la misma necesitaba, porque podía hacer de buena pero pasional con facilidad. La villana nada convencional, la redacté pensando en la Ruffo [todo gracias a una ruffofan, con la que por culpa de los vaivenes de la vida perdí contactó, que me hizo ver algunas de sus escenas] porque necesitaba a alguien que con una mirada lo dijese todo, claro que no iba a llorar nada, y el villanazo iba a ser Évora.

Pero creo que este sueño va a tener que acabar. O más bien va a tener que cambiar. Porque visto lo visto, ¿por qué voy a intentar que una productora como Televisa lea siquiera mis guiones si nunca podrían hacer la historia tal y como la he concebido? ¿Por qué iba a querer que la otra hora referente de telenovelas me aniquilase mi argumento para hacerlo adecuado a ella?

En fin, sólo me queda darte las gracias Televisa, porque desde que ya sólo das al público chapuzas, yo estoy teniendo tiempo de ponerme al día con auténticas joyas de la televisión como Juego de Tronos. Y es que como bien dicen por ahí: no hay mal que por bien no venga.


martes, 7 de junio de 2016

Opinando sobre... Las Amazonas. Habemus.

¿Que por qué ando escribiendo otra vez sobre Las Amazonas y no he empezado a comentar
otra novela? ¡Porque hubo beso señores! Bueno y han pasado otras cositas, obviamente, que traeré a colación porque así lo merecen, pero es que hubo beso. ¡Hubo beso! Arrancando la novela, en ese despertar de la historia, y cuando ya una se había resignado, desde un inicio, a aguantar hasta el final, van y me dan beso. Pero es que previamente se dieron unas muy buenas escenas entre ambos, buena música, buen todo, sí dioses noveleros, gracias, muy buen todo -aunque me hubiese gustado algo más de rabia en Victoriano al enterarse de la violación de Inés, ay que no había mencionado que me refería al beso entre Victoriano e Inés, ¡qué cabecita loca la mía!-.

Y hablando de mi Inés y mi Victoriano -mi César Évora que es como el buen vino, no desmejora, mejora con los años-, será que Alejandro es hijo suyo y Diana del mil-veces-nombrado-Vicente... ¡Ay qué típicamente-hermosamente-novelero que sería! Sí, soy una chaquetera que si veo algo bien escrito, bien dirigido, bien actuado, por muy clásico, típico y tópicamente novelero que sea, pues oye, va y me gusta. Eso sí, amados escritores, existe la usucapión, y con esto no se me den a las "licencias literarias" que no cuela, así que aún sin existir escritura alguna, esa finca es de Victoriano. Si no tenéis quién os explique ésto, yo gustosa lo hago, incluso gratis.

Me ha alegrado sobremanera comprobar que los nidos de pájaro en las cabezas de Eduardito y su mami Bernardita siguen intactos. Se dice que hay una colonia de cigüeñas encantadas porque no queda mucho para que puedan convertir los citados nidos en su nuevo hogar. Hablando de Edu y su beso con Casandra, pues no estuvo nada mal, aunque esa declaración previa, hecha ahí en la obra, entre andamios, entre obreros, así como que no quiere la cosa pero menos impulsiva que el monólogo de Hamlet, pues como que no. Vamos que semejante declaración a cualquier feminista que se precie le habría provocado un ataque de risa (obsérvese que ando joqueando).

Lo del blog de la nena pequeña de Victoriano (agréguese aquí el suspiro), pues como que no se lo cree ni el apuntador. Más que nada porque en la era de las redes sociales, en la que los blogs de autoayuda, positivismo y happy life, abundan más que los cuernos en una familia de caracoles, para que uno de ellos destaque tanto, tenga cierta popularidad, se necesita mínimo un año, más aún con el contenido de manual que presentan. Me veo a más de una empezando sus respectivos blogs creyendo que se dará el Cons-milagro en la crecida de seguidores como si de hongos en tierra mojada se tratara. Oye, muy chachi la batalla mariachi, pero no vendría nada mal que la musasa hiciese lo que predica, porque lo que hace en mi tierra tiene un nombre, pero me voy a comportar y no voy a escribir que Constanza es una... Shut up Laura! Eso sí, los momentazos que está teniendo Mariluz Bermúdez con Ruffo y Évora son más que geniales, claro que cuando te dan buena réplica se hace un poco más fácil.

En los cuernos que no cuernos, en el engaño que no engaño, vamos, en lo que viene siendo historia tradicional en telenovela auténticamente rosa que se precie, a destacar un más que maravilloso Alejandro mostrando orgullo ante la amada (que una cosa es amar y otra ser pendejo, que sí que hay que hacer lo imposible porque lo escuchen a uno y se nos crea, pero hasta un límite), que sin dignidad se come, pero la dignidad es un traje muy bonito -y no esas camisas y chaquetas que le andan poniendo a Andrés Palacios, de que basurero habrán salido-, y bien por él que coge sus conocimientos y se va con un 'ahí te quedas'. Bien la dignidad de mujer que demuestra Diana no volviendo con el ex sólo por despecho (para qué perseguir una infelicidad asegurada), aunque no llego a comprender porque no cree a su nana -aquí el guión me falla un poco-. Triste que se intente hacer creer al novelero que se puede confundir a la mujer propia con una ajena así como si nada, que una como mujer no ate cabos y vea que es imposible que haya quedado contigo y sin esperar ni cinco minutos ya se esté metiendo a bañar con otra, que se estén pidiendo disculpas y recriminando el engañado y la engañina -sírvanse, Alejandro y Déborah respectivamente- pero abrazaditos bajo del agüita y tal cual se les trajo al mundo... ¡Aquí me planto! Ni aún tratándose de una telenovela clásica se puede perdonar esto, una cosa es que sea clásica y otra que la misma esté regada de escenas estúpidas.

Por otro lado, qué poquito ha durado la felicidad entre Diana y Alejandro. Un huracán para iniciarse y un suspiro para terminarse. Aquí añado un consejo no novelero: no confundir dignidad con orgullo y prepotencia, que cuando se va de orgulloso por la vida normalmente la otra parte rehace su vida sin avisar, y en el 95% de los casos no hay vuelta atrás.

En otro orden de cosas: ando intrigada con la historia detrás de los personajes de Mónica Ayos; me preocupa que la vocecita de guarri de Déborah acabe afectando seriamente las cuerdas vocales de Gabriela Vergara, se le va a quedar la garganta para el arrastre; qué bonito eso de escuchar detrás de las puertas o conversaciones telefónicas ajenas, ¡qué bonitos son los tópicos noveleros!; Cantú, mi gustar; esas voces en off que me han metido en la entrada (que me encantaría me explicasen con manzanas porqué no se coloca al principio del capítulo, que sería lo normal: ¡es la entrada!) pues no sé si sí o si no, osea sí pero osea no; y sigue sin existir un alma caritativa que enseñe a los técnicos de Televisa cómo usar el croma. De últimas, sigo más que encantada con la voz en off, medio narración, de Inés, pero un poquito más no estaría de más. ¿Quién me iba a decir a mí hace dos años que andaría tan enganchada a una novela de Victoria Ruffo? Pues reitero que la culpa no fue del Cha cha cha sino de La Madrastra.

En cuanto a las quejas que he leído por ahí sobre Las Amazonas, pues qué decir, que esta es una telenovela clásica, y como clásica que es cumple con creces. Por lo que si no quieren una telenovela a la antigüita, a lo tradicional, a lo que viene siendo el género novelero en su esencia pura, mejor que no vean ni un capítulo más de Las Amazonas, que es una más que respetable opción, y yo que soy una novelera estoy más que encantadérrrima con lo que viene haciendo el señor Mejía.



miércoles, 25 de mayo de 2016

Opinando sobre... Las Amazonas.

Hace más de una semana que se estrenó Las Amazonas y que -aún a pesar de tratarse de otro refrito más, ¿por qué dioses noveleros? ¿POR QUÉ?- me ha gustado. Sí, me ha gustado. ¡Por fin una telenovela de la que se puede decir "me ha gustado"! Aún no me lo creo, ¡qué emoción!

Creo que un factor importante es el hecho de que se vaya a tratar de una telenovela corta, lo que ayudará, y creo que ya está ayudando, a que la historia no se vaya a recoger paja allende los mares, añadiendo tonterías por aquí y por allá. Aunque claro esto no es más que mi percepción de lo que puede pasar de acuerdo a lo que vamos viendo, y tal vez es un poco precipitado, toda vez que aún andamos por la segunda semana de emisión, pero yo tengo esperanzas. Sí, aún a pesar de las grandes bazofias vistas, yo aún tengo esperanzas. ¿Y por qué? Porque la esperanza en los dioses noveleros es lo único que no se puede perder.

Tampoco nos creamos que absolutamente todo en la novela me ha encantado, porque sería como asegurar que de A Que No Me Dejas ha salido la próxima Meryl Streep. Como esa primera escena, de ese primer capítulo, esos primeros minutejos al aire, con Alejandro huyendo con sus hijas, que no sé muy bien si me gustó o si más bien no me gustó, porque ¿por qué carajo tiene que huir un veterinario? ¿un narcotraficante amaba mucho a su mascota y el susodicho veterinario lo sacrificó?; aunque al pasar en seguida a la voz de Ruffo y su narración, dejé de lado mi analisis de tan escasos segundos, ¿y que por qué lo traigo ahora a colación? ¡Pues porque fueron los primeros segundos! Hablando del personaje de Ruffo, dos cosas: ¿por qué una violación? ¿De verdad que no había nada más, ninguna otra razón que pudiese llevar a la separación de Inés y Victoriano?; y dos: ¿para cuándo una villana? ¡Désenla ya caramba! Y por supuesto, siempre tiene que haber una mujer joven, sexy y ambiciosa, que tiene engañado al marido. ¡Qué malos son los calentones!

Me tengo que detener un segundo en tres cosas: ese uso pobre y horroroso del croma, por favor, alguien que sepa de ésto y que por caridad se pase a dar unas clasecitas a Televisa; amén de que todas las telenovelas últimamente andan patrocinadas por alguna marca de lencería, sino no llego a comprender muy bien el muestrario de sujetadores y otras piezas clave de la ropa interior femenina; y qué decir de los momentos Pantene, yo cuando me quito un gorro o el casco de una moto muevo la cabeza igual, de un lado a otro esperando que el viento deje mi melena mejor que cuando salgo de la peluquería.

En cuanto a los estilismos, de buscona chic (obviamente) para Déborah, completamente diferente de los estilismos, a la par tan dispares entre ellas, de las hermanitas, ¡cómo se nota que no se trata de una producción de 'El Gúero' Castro! Pero por favor, un minuto de maravillamiento con esos divinos nidos de pájaro en las cabezas de Eduardo y su mami Bernarda; estoy intentando hacerme lo mismo en mí misma desde el lunes pasado, de momento gasto dos botes de laca por intento y sigo sin que me quede tan frondoso.


Algunos Síes y algunos Noes...


Síes

1.   Sí a la narración de Inés. Nos ahorraremos, espero, las explicaciones absurdas dadas por los personajes.

2.   Sí a Évora-Ruffo. (Me encantan, sí, yo confieso... ¡Aiba! La culpa no fue del Cha cha cha -canción de Gabinete Caliari- sino de que me zampé La Madrastra enterita)

3.   Sí a Andrés Palacios.

4.   Sí a que Salvador Mejía se ande reivindicado después de La Tempestad y Lo Imperdonable.

5.   Sí a Grettell Valdez en un personaje diferente a sus últimas novelas y reivindicando el feminismo, si bien no es necesario repetirlo mil veces, ni gritarlo como una energúmena, se debe demostrar. Nota para los guionistas. Aunque han entendido que el feminismo no es lo opuesto al machismo sino la defensa de la igualdad para la mujer.

6.   Sí a las químicas de las parejas, bueno de casi todas... A ver quién adivina de qué pareja ando hablando...



Noes

1.   No a la escena paquetón... No hace falta explicación, digo yo.

2.   No a René Casados, lo siento no me gusta la pareja que hace con Grettell. ¡Ups! Se me escapó.

3.   No al personaje de la Vergara o es que ella lo exagera muy mucho, ¿o soy yo?

4.   No a que las parejas de interés (pa' mí) se queden como se tienen que quedar al final, que me lo veo venir.

5.   No a los comentarios ofensivos por la edad a las actrices y ni mu sobre los actores, ¿qué pasa que quien critica no nota el pasar de los años? ¡Que me den la receta!

6.   No a un nuevo refrito, me repito más que el ajo, lo sé, pero seguiré con mi lucha silenciosa por un original. Y es que esta es otra telenovela en la que vamos por la quinta versión, debe ser el número mágico de Televisa.


En resumen, ¡habemus telenovela que seguir! We are the champions my frieeeends... (poner musiquita aquí por favor)


jueves, 20 de noviembre de 2014

Capitulín Final. La Malquerida 2.0. La alternativa.

La policía acaba de llevarse a Esteban por el homicidio de Manuel, Acacia mira el portón, y a sus espaldas Cristina la mira a ella.


CRISTINA: ¿No pudiste ser sincera? ¿No pudiste verle como un padre? ¿No pudiste evitar que esto pasara? Si tan sólo le hubieras visto como un padre.

Acacia sigue sin darse la vuelta, mira al portón, suspira.

ACACIA: No mamá, no pude. Porque desde el primer día, porque desde siempre, le amé.

Acacia se da media vuelta y mira a su madre, se acerca a ella.

ACACIA: A pesar de todo, a pesar de todo el daño que te he hecho, a pesar del daño, consciente o inconsciente, que tú me hiciste a mí, nunca he dejado de quererte... Porque eres mi madre. (Suspira) Y por eso te perdono, y por eso espero que algún día tú puedas perdonarme a mí. Espero que algún día todo el odio que como mujer sientes por mí, todo el rencor, y tal vez el asco, que sientes por la mujer que se metió con tu marido, se desvanezca ante el amor de madre.

Acacia se dirige hacia la casa, se para apenas unos pocos pasos después, no se da la vuelta.

ACACIA: Cristina... Vas a ser abuela.

Acacia vuelve a emprender el camino hacia la casa, Cristina la mira, las lágrimas caen por sus mejillas.

CRISTINA: Ojalá puede llegar a perdonarte... Hija.


Cuatro años después.

Acacia está sentada en el prado, cerca de la casa, sobre una manta de cuadros, tiene las manos abrazando las rodillas. Un pequeño niño corre hacia ella, le da una dalhia, Acacia coge la flor, mira al niño, lo abraza, lo sienta entre las piernas.

ACACIA: Mi amor, ésta fue la flor que tu papá me regaló en nuestro primer paseo a caballo. (Besa al niño) Tengo tantas ganas de que te conozca.

El niño se levanta y sale a jugar otra vez.

ACACIA: Esteban, está tan grande, tan guapo. Se parece muchísimo a ti, tiene tus mismos gestos, tú misma sonrisa. (Una lágrima le resbala por la mejilla, se la aparta con el dedo índice) Si hubiésemos hecho las cosas bien, nuestro hijo habría crecido con su padre.

Acacia saca una carta de los vaqueros, la abre.

ACACIA: "Acacia, no vengas a verme, no me escribas. Si cuando salga de aquí no estás, lo entenderé. Te amo. Cuida a nuestro hijo."

Acacia cierra la carta, la aprieta contra su pecho, suspira, la guarda en los vaqueros, se pone de pie, coge la manta.

ACACIA: ¡Alonso! Vámonos mi amor. (El niño corre hacia ella) Ven mi amor, a la casa. 

Acacia coge al niño en brazos, le da un beso, y se dirigen hacia la casa.


Cristina está en el despacho, llaman a la puerta, entra Rosa.

ROSA: ¿Patrona?

Rosa mira asustada a Cristina.

CRISTINA: Dime Rosa, ¿ocurre algo?

ROSA: Pos que hay una visita en la sala señora Cristina... Pero, pos yo no sé si usted quiera.

Cristina se levanta de la silla.

CRISTINA: ¿Quién Rosa? ¿Quién está en la sala?

ROSA: Pos, Esteban, patrona.

Cristina mira asombrada a Rosa, sale apresurada del despacho. En el salón Esteban está de pie, de espaldas a la puerta del despacho.

CRISTINA: ¿Esteban?

Esteban se da la vuelta. Cristina corre hacia él y lo abraza.

CRISTINA: Esteban, volviste.

Esteban se aparta.

ESTEBAN: Cristina volví por... Volví por mi hijo. Y volví, volví por Acacia.

Cristina se acerca a él, lo abofetea.

CRISTINA: Nunca me quisiste, nunca me amaste.

ESTEBAN: Cristina, (le coge las manos con ternura) por supuesto que te quise, te quise muchísimo, te quiero muchísimo. Ni rencor, ni rabia siento por ti, por haberme acusado con la policía, porque lo merecía, era culpable.

CRISTINA: Entonces, si me quieres, si sí me quieres, ¿por qué me dices que vuelves por Acacia?

Esteban le suelta las manos a Cristina, se deja caer en el sofá.

ESTEBAN: Porque a ti te quiero Cristina, pero a ella la amo. Ni siquiera sé si...

Cristina le interrumpe.

CRISTINA: Acacia no está. Ya no vive en esta casa.

Esteban la mira.

ESTEBAN: No te creo.

CRISTINA: No está Esteban, márchate, no tienes nada que hacer aquí.

Esteban se levanta del sofá, empieza a deambular por la casa.

ESTEBAN: ¡Acacia! (Entra en las habitaciones) ¡Acacia!

CRISTINA: ¡Te he dicho que no está! ¡¡Vete de mi casa!!

ESTEBAN: No sin ver a mi hijo. ¡Acacia! (Sale al patio) ¡Acacia!

Acacia llega en ese momento al patio, ve a Esteban, se para en seco. Esteban la mira. El niño llega poco después, mira a Esteban extrañado y se para al lado de Acacia, se abraza a la pierna de ella, Acacia le acaricia la cara, abrazando el cuerpo del niño contra su pierna. Esteban se acerca a ellos, mira a Acacia y se agacha a la altura del niño.

ACACIA: Él es tu papa mi amor.

Esteban coge al niño en brazos, lo abraza, lo besa, las lágrimas caen por sus mejillas. Se pone en pie con el niño en un brazo y abraza a Acacia con el otro brazo.

ACACIA: Se llama Alonso.

Esteban mira al niño y luego mira Acacia.

ESTEBAN: El nombre de un buen hombre.

Cristina mira a los tres, abrazados, se da media vuelta y entra en la casa. Va a la cocina, Rosa está sentada a la mesa.

CRISTINA: Rosa, ayúdame con las maletas por favor.

ROSA: ¿Las maletas? ¿Pos a dónde se va señora?

CRISTINA: No sé Rosa... Puede que a Madrid. Sí, a Madrid. Ven, acompáñame a mi recámara.


Acacia y Esteban entran en el salón, Esteban lleva al niño en brazos. Cristina entra en el salón, seguida de Rosa y otro empleado.

CRISTINA: Rosa por favor, subid el resto del equipaje al coche.

ROSA: Sí patrona.

Acacia mira sorprendida a su madre.

ACACIA: ¿Equipaje?

Cristina se acerca a Esteban.

CRISTINA: ¿Me dejas a mi nieto?

Esteban le da al niño, Cristina le coge en brazos.

CRISTINA: La abuela te quiere Alonso, la abuela te quiere.

Cristina le da un beso al niño y se lo devuelve a Esteban sin mirarle, mira a Acacia.

CRISTINA: Acacia, acompáñame fuera. Por favor.

Cristina y Acacia se dirigen al patio, andan en silencio, la una al lado de la otra. Acacia agarra el brazo de su madre, la mira y sonríe. Llegan al patio y se paran cerca del coche de Cristina.

CRISTINA: Acacia, me voy. Me voy de la Benavente.

ACACIA: ¿Cómo que te vas mamá? ¿A dónde? ¿Cuánto tiempo?

CRISTINA: No lo sé Acacia, no sé cuánto tiempo. Sólo sé que me voy. Me voy a Madrid.

ACACIA: Pero, ¿por qué te vas mamá? ¿Por qué ahora?

CRISTINA: Me voy para que puedas ser feliz. Por eso me voy hija, para que tú puedas ser feliz.

ACACIA: Mamá, no te vayas. Por favor, no te vayas. ¿Cómo podría ser feliz sin ti, sin mi madre?

CRISTINA: Acacia, es lo mejor. Para ti, para mí, para nuestra relación madre-hija, para sanar las heridas que en todos estos años no hemos sido capaces de sanar.

ACACIA: Mamá, por favor.

Cristina se acerca a Acacia.

CRISTINA: Acacia, yo sé que como mujer perdí... (Hace una pausa mientras acaricia el rostro de Acacia y los ojos se le inundan de lágrimas) Pero como madre, como madre gané (sonríe) o por lo menos, no perdí.

Cristina se acerca a Acacia, la coge por los hombros, se separa de ella, la mira a los ojos, la abraza, se acerca a su oído.

CRISTINA: Se feliz hija (Le susurra, traga e inhala) Te quiero.

Acacia no dice nada, está inmóvil con las lágrimas recorriendo sus mejillas. Cristina se aleja de ella y se dirige al coche.

ACACIA: ¡Mamá! (Cristina se gira y mira a su hija a los ojos, con una tímida pero sincera sonrisa) Te quiero...

Esteban se acerca a ellas, de espaldas a Acacia, de frente a Cristina, que lo ve, lo mira y asiente ligeramente, no sonríe, no le dice nada. Cristina se sube a su coche, mira una última vez a su hija. Esteban ya está detrás de Acacia, a unos pasos de ella. El rostro de él impasible, el de ella inundado en lágrimas, lleno de dolor. El coche de Cristina se pone en marcha, bajo la atenta mirada de Esteban y Acacia, atraviesa el patio hasta el portón, lo cruza, gira el coche y se pierde en la carretera. Acacia se seca las lágrimas, se gira lentamente, y se queda a unos pasos de Esteban.

ESTEBAN: ¿Y ahora Acacia? Tú y yo...

ACACIA: No lo sé Esteban. No sé si es posible un tú y yo. Te amo, claro que te amo, pero... No sé si pueda olvidar lo que pasó. El dolor que le causamos a mi madre, el que ella y yo no hayamos sido capaces de recuperarnos como madre e hija, la muerte de Manuel, mis dudas sobre las otras muertes, porque aunque me hayas jurado que tú no tuviste nada que ver, yo dudo Esteban. Y no sé si pueda olvidar o vivir con todo esto, o no sé si pueda olvidar o vivir con el dolor que nos causamos tú y yo. (Se seca las lágrimas) Pero tenemos un hijo, y jamás te lo negaré, jamás dejarás de ser su padre. Y ya...

ESTEBAN: Dejaremos que el tiempo hable.

ACACIA: Sí, dejaremos que el tiempo hable.

Acacia se dirige hacia la casa, Esteban la mira mientras se aleja, las lágrimas inundan sus ojos.

ESTEBAN: ¡Acacia!

Acacia se da la vuelta, le mira.

ESTEBAN: Te amo... (Le sonríe tímidamente) A veces, hacemos sufrir a quién más amamos...

Acacia le sonríe, se da media vuelta y entra en la casa. Esteban la mira, respira profundo y se dirige hacia el portón. Mira la casa, sonríe y sale mientras el cielo se va tiñendo de naranja. Atardece en la Benavente.


Final alternativo

El coche de Cristina se pone en marcha, bajo la atenta mirada de Esteban y Acacia, atraviesa el patio hasta el portón, lo cruza, gira el coche y se pierde en la carretera. Acacia se seca las lágrimas, se gira lentamente, y se acerca a Esteban, le acaricia suavemente el rostro con la mano, le da un tierno beso en los labios, le sonríe, se dirige a la casa. Esteban la mira, ella se da la vuelta, le dedica una amplia sonrisa y separa levemente la mano izquierda del cuerpo, levantándola hacia él. Acacia vuelve a retomar el camino hacia la casa. Esteban fija la vista en el portón de la hacienda, agacha la cabeza, la vuelve a levantar, respira profundo y sigue el camino andado por Acacia, hacia la casa, mientras el cielo se va tiñendo de naranja. Atardece en la Benavente.




Laura González López (2014. España)

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Capitulín 20. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Cristina, Esteban y Acacia están en la recámara principal, Cristina acaba de pedirles a ambos que se llamen padre e hija mutuamente.

ACACIA: No... No puedo. (Mira a Cristina a los ojos) No puedo llamarle padre, no puedo mamá.

Cristina suelta a Acacia.

CRISTINA: ¿Por qué no?

ACACIA: Porque no le veo como un padre, nunca le vi como un padre... Yo... Yo... (Coge aire) Yo le veo como hombre.

CRISTINA: Pero qué dices Acacia, ¿cómo un hombre? ¿Ves a mi marido como hombre? ¿¿Ves al marido de tu madre como hombre??

Cristina se acerca a Acacia, la abofetea.

CRISTINA: ¿Qué ha pasado entre ustedes? ¿Qué ha pasado? (Coge a Acacia de los hombros, la zarandea, le da una bofetada) ¡La verdad! Maldita sea, ¡¡quiero la verdad!! (Se dirige a Esteban, le da una bofetada, dos, tres) ¿¿¿Qué ha pasado entre ustedes??? ¿Qué? ¿Qué? (Llora desconsolada) ¿Qué?

Esteban mira a Cristina a los ojos, agacha la cabeza.

ESTEBAN: Perdóname Cristina.

Cristina se deja caer en el borde de la cama, se cubre la cara con las manos.

CRISTINA: ¿Pero qué tengo que perdonar? Decidme la verdad. (Les mira, llora) Por favor, decidme la verdad.

Permanecen en silencio. Acacia llora, Esteban mira al suelo, Cristina se seca las lágrimas, se levanta de la cama, se dirige a la puerta, se gira, les mira, ninguno de los dos la mira, sale de la habitación. Acacia corre hacia Esteban, le abraza, él la aparta.

ACACIA: Esteban...

ESTEBAN: Tu madre me tiene que perdonar Acacia, y voy a hacer lo imposible por conseguir su perdón...

ACACIA: Pero tú me amas Esteban, me amas a mí.

ESTEBAN: Puede que yo te ame Acacia, pero a Cristina la quiero, la quiero muchísimo.

Acacia le mira sorprendida, con las lágrimas resbalando por sus mejillas.

ACACIA: ¿Y vas a cambiar el amor por el querer?

ESTEBAN: No Acacia, voy a cambiar el amor, el engaño, la culpa, el remordimiento, por hacer feliz a una mujer que siempre... Siempre... Siempre quiso estar a mi lado. (Esteban se deja caer en el borde la cama, Acacia le mira, él la mira a ella) O, ¿qué es lo que quieres? ¿Qué vayamos a buscarla, la mintamos y continuemos con lo que teníamos? ¿Con esa relación clandestina, a escondidas, sin verdades? ¿O quieres que deje a tu madre? (Suspira) Ahora, ahora mismo, ella te ha preguntado, y tú sólo has sido capaz de decirle que me ves como hombre, no la has enfrentado, ¿lo harías? ¿Te enfrentarías a ella, a la verdad, por ti, por mi? (Niega con la cabeza y se pone de pie) No Acacia, no lo harías. No creo que fueras capaz, creo que tú único interés es que mi relación con ella termine, y no entiendo que te motiva a ello, ¿venganza?, ¿rencor? (Se pasea por la habitación, se para en frente de Acacia) No lo sé, sólo se que no me has dicho una sola vez "te amo", sólo sé que jamás quisiste enfrentarte a tu madre, que ni siquiera ahora has sido capaz de contarle la verdad. (Se dirige hacia la puerta, se gira, mira a Acacia) ¿Y sabes qué es lo peor de todo esto? Que nada tiene sentido, porque si me amaras Acacia, lo tendría, todo lo que hemos hecho tendría sentido, y ahora no seríamos sólo dos infelices y desgraciados que han engañado a una mujer maravillosa, a su madre (señala a Acacia), a su mujer (se señala a sí mismo). Y en realidad, sólo somos eso Acacia, dos malditos desgraciados.

Esteban sale de la habitación, Acacia se derrumba, se sienta en el suelo y llora desconsolada.


Acacia da vueltas por el despacho, está amaneciendo en la Benavente. Cristina entra en el despacho, se para en seco en la puerta al ver a su hija. Sigue andando y deja algo encima de la mesa. Acacia mira a su madre.

ACACIA: Mamá, tenemos que hablar.

CRISTINA: No hija, no hay nada más de que hablar. Anoche quedó todo claro. Tú no has visto a Esteban como a un padre, él se confundió y mató a Manuel, movido por esa confusión. (Se apoya en el respaldo de esa silla) Y por esa confusión debe pagar.

ACACIA: ¿Qué quieres decir con que debe pagar? (Acacia mira asombrada a Cristina) ¿De dónde vienes mamá?

CRISTINA: De denunciar a Esteban ante las autoridades, para que pague por su confusión.

Acacia se lleva las manos a la cara.

ACACIA: Pero, ¿por qué? ¿Por qué hiciste eso mamá? ¿¿Por qué??

Acacia se arrodilla frente a su madre, la abraza la cintura.

ACACIA: No mamá, por favor, no envíes a Esteban a la cárcel... Fue un accidente. (Abraza más fuerte a Cristina) Perdóname mamá, perdóname, perdónale, perdónanos... ¡¡Perdónanos mamá!!

Cristina acaricia a Acacia.

CRISTINA: No tengo nada que perdonarte hija. No viste a Esteban como padre, y ya está, el único culpable es él.

Acacia levanta la vista, mira a Cristina.

ACACIA: No mamá, la única culpable de todo... Soy yo.

Cristina mira estupefacta a Acacia, quita las manos de Acacia de alrededor de su cintura y se dirige a la puerta. Acacia sigue de rodillas y mira a Cristina.

ACACIA: ¡Mamá! (Se pone de pie, Cristina se para) No es verdad, la única culpable de todo, eres tú. Tú, mamá... (Se seca las lágrimas) Por querer quedarte con un hombre que no te amaba. Un hombre que jamás te amó.

Cristina se da la vuelta, mira a Acacia, seria.

CRISTINA: Sí me ha amado Acacia, me lo ha demostrado.

Acacia se acerca a Cristina.

ACACIA: Puede que te haya querido, puede que te quiera, sí, yo sé que te quiere. Puede que esté agradecido contigo por haberle dado esto (levanta los brazos y mira alrededor), yo sé que lo está. Pero nadie mejor que tú (baja los brazos, se acerca más a Cristina) sabe que no te ama, que no muere por besarte, que no muere por tocarte, que no muere por hacerte suya...

Cristina le da una bofetada.

CRISTINA: ¿Qué sabrás tú lo que él ha sentido entre mis brazos? ¿Qué sabrás tú el deseo que ha sentido por mí?

ACACIA: Sé que por mí se ha vuelto loco, sé que por mí ha llorado, sé que estando entre mis brazos ha sentido pasión, sé que por mí... Que por mí ha matado.

CRISTINA: ¿Y te sientes orgullosa? ¿Te sientes orgullosa de haber arrastrado a un buen hombre a la locura? ¿Te sientes orgullosa de haber traicionado así a tu propia madre? A tu madre, Acacia...

ACACIA: ¡¡Tú me traicionaste primero!! Me traicionaste cuando te fijaste en él, me traicionaste cuando me lo arrancaste, ¡cuando te casaste con él!

CRISTINA: Te pregunté si había algo, te pregunté que pasaba con él... Y en vez de contarme la verdad, ¿fuiste la amante de mi marido? Es eso, ¿verdad? Claro, ¡qué tonta soy! Claro, erais amantes. ¡Amantes en mi propia casa!

ACACIA: También es mi casa...

CRISTINA: ¿Eso es lo que te preocupa? ¿Qué he dicho mi casa y no nuestra casa? Eres la peor de las hijas, eres una vergüenza. No sabes como me avergüenzo de ser tu madre. (Se acerca a Acacia) Y me voy a encargar de que no le vuelvas a ver, nunca más.

Cristina se da la vuelta, se dirige a la puerta, la abre, no se gira de nuevo, se queda en el quicio, dando la espalda a Acacia.

CRISTINA: Si no es para mí, menos lo será para... Una malagradecida como tú.

Cristina sale del despacho, Acacia mira asombrada hacia la puerta, se coge la cara con las manos, se arrodilla, llora desconsolada, se quita las manos de la cara, mira hacia la puerta abierta nuevamente, se toca la tripa con la mano. Minutos después oye las sirenas, se levanta del suelo y sale corriendo a la entrada de la hacienda. Esteban está de pie alargando las manos a los policías que se bajan de los coches, Cristina llega en ese momento, Acacia también.

ESTEBAN: Lo siento Cristina...

CRISTINA: Ya sé toda la verdad.

Esteban agacha la cabeza, el policía le esposa.

ESTEBAN: Perdóname, por favor, perdóname.

El policía se lleva a Esteban hacia el coche, Acacia corre hacia ellos, abraza a Esteban.

ACACIA: ¡¡¡No se lo lleven!!! (Mira al policía) ¡¡Por favor no!! No, no, no. (Besa a Esteban en los labios) Perdóname Esteban, perdóname. Todo es culpa mía, si yo hubiese dicho la verdad, desde el principio. (Lo vuelve a besar) Si desde un principio te hubiese dicho... (Se acerca a su oído) Te amo. Siempre te he amado. Jamás podré amar a un hombre como te amo a ti.

Otro policía aparta a Acacia, y se llevan a Esteban hacia el coche. Esteban gira la cabeza, mira a Cristina, mira a Acacia.

ESTEBAN: Te amo... Acacia.

Esteban entra en el coche de policía, los policías hacen lo propio. El coche arranca y sale de la hacienda. Acacia mira hacia el portón, Cristina a sus espaldas la mira a ella.

CRISTINA: ¿No pudiste ser sincera? ¿No pudiste verle como un padre? ¿No pudiste evitar que esto pasara? Si tan sólo le hubieras visto como un padre.

Acacia sigue sin darse la vuelta, mira al portón, suspira.

ACACIA: No mamá, no pude. Porque desde el primer día, porque desde siempre, le amé.

Acacia se da media vuelta y mira a su madre.




Laura González López (2014. España)

martes, 18 de noviembre de 2014

Capitulín 19. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Esteban está en la recámara de huéspedes, sentado en la cama, se mira la palma de las manos, entrelaza los dedos, se pasa las manos por la cara. Se pone de pie y se dirige a la cocina, Rosa está cortando verduras sentada a la mesa, cuando ve a Esteban se pone de pie.

ROSA: Patrón, ¿qué se le ofrece? ¿Tiene hambre?

ESTEBAN: No Rosa, gracias. ¿Sabes dónde está el Rubio?

Rosa le mira contrariada, agacha la cabeza, coge con las manos el delantal y juguetea con él.

ROSA: Pos sí patrón. Anda por el patio, pa' mi que bebiendo... (Mira a Esteban) No más no se vaya a molestar con él, es que mi nieta y él pos pelearon y ya sabe cómo es el Rubio, las penas las ahoga en el alcohol.

ESTEBAN: No te preocupes Rosa. Gracias.

Esteban pasa al lado de Rosa, le toca con ternura el hombro y se dirige al patio. Rosa se vuelve a sentar y continúa cortando verduras.


En el patio el Rubio está sentado en el banco de piedra, tiene dos botellas de tequila con él, una de ellas entera, la otra ya empezada. Llega Esteban, el Rubio se pone de pie.

RUBIO: Patrón.

ESTEBAN: Compadre, Rubio, esta noche necesito al amigo no al capataz de la hacienda.

RUBIO: Ta' bien compadre.

Esteban y el Rubio se sientan en el banco de piedra. El Rubio coge la botella de tequila, sirve un vaso y se lo da a Esteban, éste le niega con la cabeza y le coge la botella, bebe un trago largo. El Rubio le mira sorprendido.

RUBIO: ¿Qué pasó compadre?

ESTEBAN: Pasó que soy un mierda Rubio, un mierda...


Acacia está en su habitación, sentada en el sofá, abrazando sus rodillas, con la cabeza agachada, llora desconsolada. Llaman a la puerta y entra Manuel, llega con gesto serio pero se torna en sorpresa y angustia cuando la ve. Manuel se acerca a Acacia, se sienta a su lado.

MANUEL: Aci, ¿qué ocurre? ¿Qué tienes?

Acacia levanta la cabeza y le mira.

ACACIA: Manolo, necesito que nos casemos cuanto antes.

MANUEL: ¿Lo necesitas? ¿Necesitas que nos casemos? ¿Por qué...? (La mira unos segundos en silencio, ella le mira mientras las lágrimas caen por sus mejillas) ¡Oh! Necesitas... Necesito estar sólo Acacia.

Manuel se levanta del sofá, Acacia le coge la mano, le mira a los ojos suplicante.

MANUEL: Sí Acacia, nos casaremos en seguida.

Manuel se dirige a la puerta, antes de abrirla mira a Acacia, tiene los ojos empapados en lágrimas, ella le mira. Manuel sale de la habitación.


En el patio Esteban y el Rubio están bebiendo la segunda botella de tequila.

RUBIO: Yo sé que andas así por la niña Acacia, yo ya sé. Yo ya te dije. Pues y ahora tú casado con la madre, y la niña Acacia ahí con el joven Manuel.

ESTEBAN: Rubio, yo quiero a Cristina.

RUBIO: Va compadre, a otro perro con ese hueso.

Esteban mira al Rubio.

ESTEBAN: No Rubio, de verdad, quiero a mi mujer. La quiero muchísimo. Es una mujer excepcional. Sólo quiere hacerme feliz, es en lo que se preocupa... Es lo que le preocupa, eso, hacerme feliz. Pero Acacia, mi Acacia...

MANUEL: ¿Tu Acacia?

Esteban y el Rubio miran sorprendidos a Manuel que se acerca a ellos. Esteban se pone de pie, furioso y se acerca a Manuel, le empuja y le da un puñetazo.

ESTEBAN: ¡Aléjate de Acacia!

Manuel se toca la mandíbula, mira sorprendido a Esteban, le da un puñetazo.

MANUEL: ¿¿¿Qué te pasa Esteban??? Has dicho que Acacia es tu Acacia, me pides que me aleje de ella, me... (Mira sorprendido a Esteban, luego furioso) ¡¡¡Tú!!! ¡¡Eres tú!! ¡¡¡¡¡Maldito enfermo!!!!!

Manuel se abalanza sobre Esteban, que acaba de ponerse de pie, ambos empiezan a pelearse, los puñetazos vienen y van del uno al otro. El Rubio les mira mientras sigue bebiendo de la botella.


Cristina va deambulando por la casa, entra en la recámara de huéspedes.

CRISTINA: ¿Esteban? ¿Mi vida?

Cristina mira a su alrededor, sale de la habitación y sigue deambulando por la casa. Llega a la cocina y ve a Rosa que está apagando las luces.

CRISTINA: Rosa.

ROSA: ¿Patrona? ¿Qué necesita señora Cristina? ¿Se siente usted bien?

CRISTINA: Sí Rosa, buscaba a Esteban. ¿Sabes dónde está?

ROSA: Uy, hace un buen señora. No más vino preguntando por el Rubio y yo, pos creo que salió a buscarlo al patio.

CRISTINA: Gracias Rosa. Y ve a descansar, ya es tarde.

ROSA: Ya mismito patrona, buenas noches.

CRISTINA: Buenas noches Rosa.

Cristina sale de la cocina y se dirige al patio.


En el patio Esteban tiene el labio partido y golpes en la cara, mira a Manuel furioso, que tiene una ceja partida, y la cara y la camisa empapadas en sangre. Manuel va a por Esteban a golpearle nuevamente, pero éste se agacha y coge el cuerpo de Manuel sobre sus hombros y le tira. Manuel cae hacia atrás y se da con el banco de piedra en la cabeza, cae al suelo, se queda inmóvil. El Rubio se agacha a su lado, le toca, mira a Esteban.

RUBIO: ¡Compadre! ¡¡Lo mataste!!

Esteban mira al Rubio, no se mueve, respira entrecortado.

RUBIO: Compadre nos tenemos que ir. ¡Vámonos compadre! Si alguien sabe que tú lo mataste, van a saber por qué... Dirán que por la malquerida, dirán que lo mataste por la malquerida... (Coge a Esteban de los hombros) ¡Dirán que por la niña Acacia! ¡¡Vámonos compadre!!

Esteban empieza a andar hacia la casa, mientras el Rubio recoge las botellas de tequila vacías y el vaso. Esteban pasa al lado de una de las columnas de la terraza, Cristina le mira, su cara recoge la incertidumbre, el odio, el asco. Esteban agacha la cabeza y sigue andando hacia la casa, Cristina le sigue. Ambos llegan a la recamara principal, Esteban entra primero, Cristina cierra la puerta, él se queda quieto en medio de la habitación, no se mueve, sólo se mira las manos cerradas en puño. Cristina se para en frente.

CRISTINA: ¿Has sido capaz de fijarte en mi hija? ¿Has sido capaz de mirar a mi hija como mujer? Dime que no, Esteban mírame, mírame y dime que no. ¡¡¡¡¡Esteban!!!!! ¡¡¡Mírame y dime que no!!! ¡¡¡¡¡Mírame y dime que no!!!!!

Esteban no mira a Cristina, sigue con la cabeza agachada mirándose las manos. Cristina empieza a caminar por la habitación. Se apoya con fuerza en su tocador, se mira en el espejo y a través de él mira a Esteban.

CRISTINA: ¡¡¡Dime que no!!! (Tira todo lo que hay en el tocador) ¡¡¡Dime que no!!! (Tira la silla, se gira y mira a Esteban) ¡¡¡Dime que no!!! (Va a la cama, quita la colcha, la tira al suelo, coge los cojines, los tira al suelo) ¡¡¡Dime que no!!! ¡¡¡Dime que no!!! (Se dirige a Esteban, le abofetea una, dos, tres veces) ¡¡¡Dime que no!!! (Le pega puñetazos en el pecho, le da manotazos en la cabeza, una, dos, tres veces) ¡Se un hombre! ¡Se un hombre! (Le pega otra vez)

Esteban se aparta de ella.

ESTEBAN: ¡¡¡Basta Cristina!!! Te estás comportando como una loca.

Cristina le mira furiosa.

CRISTINA: ¿Loca? ¿¿Loca??

ESTEBAN: Sí, loca. No ha pasado nada. ¡No pasa nada entre Acacia y yo!

Cristina le mira furiosa, se dirige a la mesilla y coge una foto de los dos, se la tira, Esteban la esquiva.

CRISTINA: Te oí, te vi. ¡Lo vi todo Esteban!

ESTEBAN: No oíste nada, ni viste nada Cristina.

CRISTINA: Has matado a Manuel. (Cristina empieza a llorar) ¡Has matado a mi ahijado!

ESTEBAN: Ha sido un accidente... (Le tiembla la voz) Manuel se puso como loco, yo no sé por qué, pero me pego y yo, y yo, ¡y yo me defendí! Sólo eso.

Cristina se seca las lágrimas.

CRISTINA: Lo mataste Esteban.

ESTEBAN: Fue un accidente, te lo juro mi amor.

Esteban cae de rodillas en frente de Cristina, le abraza las piernas, llora.

ESTEBAN: Fue un accidente mi amor, te lo juro. (Levanta la cabeza y mira a Cristina) Ayúdame Cristina, no quiero ir a la cárcel, ayúdame. (Vuelve a apoya su cara en las piernas de Cristina) Perdóname.

Cristina quita los brazos de Esteban de sus piernas, se aleja de él.

CRISTINA: Quiero la verdad. Dime la verdad Esteban, dime la verdad y te ayudaré. Pero quiero la verdad. (Se sienta en la cama, Esteban sigue de rodillas) ¿Qué pasa con mi hija? ¿Qué te pasa con mi hija?

Esteban la mira.

ESTEBAN: Me confundí Cristina, confundí mis sentimientos. Pero yo te quiero, te juro que te quiero. Te lo juro.

Cristina se seca las lágrimas, se pone de pie y sale de la habitación.


Cristina entra en la habitación de Acacia, ella está durmiendo, enciende la luz.

CRISTINA: Acacia. (Se acerca a la cama) Acacia despierta, Acacia, ¡Acacia despierta! (Acacia abre los ojos) Ven conmigo. Ahora.

Acacia mira a Cristina sorprendida.

ACACIA: ¿Mamá?

CRISTINA: Vamos Acacia, ven conmigo. Es importante.

Acacia se levanta de la cama, coge la bata que está a los pies de la cama, se la pone y sigue a su madre por el pasillo. Llegan a la recámara principal, Esteban está sentado al pie de la cama, las ve entrar y se pone de pie.

CRISTINA: Esteban, te perdono, pero demuéstrame que sólo era confusión, llámala hija. 

Acacia mira a Esteban, luego mira a Cristina.

ACACIA: ¿Mamá qué ocurre? ¿Qué es todo esto?

CRISTINA: Esteban se confundió Acacia, confundió sus sentimientos. E hizo una locura... Mató a Manuel.

Acacia se lleva las manos a la cara.

ACACIA: ¡Oh Dios! ¿Manolo muerto? (Mira a Esteban) ¿Qué hiciste?

ESTEBAN: Fue un accidente Acacia, te lo juro.

CRISTINA: ¡Acacia no! Llámala hija. (Mira a Acacia) Y tú llámale padre. Desde hoy llámale padre, así no se podrá confundir y te verá como te tiene que ver, como su hija. (Mira a Esteban) ¡Hacedlo! Esteban llámala hija, Acacia llámale padre.

Cristina se acerca a Acacia.

CRISTINA: ¿Por qué no dices nada? (La coge de los hombros, la zarandea) ¡Dilo! ¡¡Llámale padre!! (Le tiembla la barbilla, las lágrimas caen por sus mejillas) ¡Hazlo Acacia!

Acacia empieza a llorar.

ACACIA: No... No puedo. (Mira a Cristina a los ojos) No puedo llamarle padre, no puedo mamá.

Cristina suelta a Acacia.

CRISTINA: ¿Por qué no?

ACACIA: Porque no le veo como un padre, nunca le vi como un padre... Yo... Yo... (Coge aire) Yo le veo como hombre.





Laura González López (2014. España)

sábado, 15 de noviembre de 2014

Capitulín 18. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Acacia y Esteban están en el lago, ella está a punto de montarse en su caballo pero Esteban la agarra del brazo, la coge por la cintura.

ESTEBAN: Qué no te vuelva a tocar Acacia... O te juro que lo mato.

Esteban suelta a Acacia, ella sube al caballo y sale al galope sin mirar atrás.

ESTEBAN: Dios mio, ¿qué me pasa? ¿¿Qué me pasa?? (Se coge la cabeza entre las manos) ¿Qué demonios me está pasando? Yo quiero a mi mujer, yo quiero a Cristina... No lo entiendo, no lo entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué Acacia? ¿Por qué? Muero de pensar que puedes estar con otro hombre, muero sólo de pensarlo... No, no, no, no, no. Yo quiero a mi mujer, quiero a Cristina, la quiero. Ella es maravillosa. ¿Qué me pasa?


Esteban está en la recámara, acaba de salir de la ducha. Cristina llega.

CRISTINA: Mi vida, ¿dónde estabas?

ESTEBAN: Trabajando Cristina.

CRISTINA: Pero mi vida, ¿qué te pasa?

Cristina se acerca a Esteban, le pone las manos en el pecho, pero él se aparta.

ESTEBAN: Nada, no me pasa nada. ¿Qué me va a pasar?

CRISTINA: Esteban, no me hables así. No hay necesidad de que adoptes esta actitud conmigo, que me hables en ese tono.

ESTEBAN: ¿Qué actitud Cristina? ¿Cómo quieres que te diga las cosas? Dime, cuál es el tono adecuado, cuáles son las formas.

CRISTINA: Las de un marido que ama a su mujer. ¡Esas son las formas!

Esteban se queda callado, se sienta en la cama. Cristina sigue de pie, mirándole.

ESTEBAN: Me pides lo que tú no me das.

CRISTINA: ¿Qué te pido lo que yo no te doy? ¿Cuándo? Dime cuándo Esteban, dime cuándo no te he tratado con amor, con respeto, con cariño, con paciencia, con pasión... ¿¿Dime cuándo?? Dime una sola vez, ¡una Esteban! Una.

Esteban tiene los codos apoyados en las piernas cubiertas con una toalla, mira a Cristina, con más tristeza que enfado.

ESTEBAN: Cuándo no me dejas involucrarme en el manejo de la hacienda, cuándo no me dejas opinar sobre el estúpido matrimonio de tu hija.

Cristina le mira furiosa, pasea por la habitación, se para.

CRISTINA: Me reclamas que no te deje involucrarte en el manejo de la hacienda, cuándo lo único que te he dicho es que esta es mi hacienda y de mi hija. Dime una vez que no te haya dado tu lugar delante de los demás, no sólo delante de los trabajadores, delante incluso de mis padres. (Mira seria a Esteban, espera) Ninguna, no puedes acordarte de una sola vez, porque nunca ha sucedido. Y me reclamas porque no te dejo involucrarte en las decisiones que toma mi hija, cuando son sus decisiones, no tuyas, ni mías, ni de nadie más que de ella.

Cristina se sienta en la cama, alejada de Esteban.

CRISTINA: Quiero que seamos una familia los tres, quiero que mi hija cuente tanto contigo como conmigo, pero no puedes reclamarme, cuando me ha costado tanto el sólo hecho de que te acepte como mi marido.

Cristina mira a Esteban, las lágrimas resbalan por sus mejillas. Esteban se levanta de la cama, se arrodilla a los pies de Cristina, le abraza las piernas, coloca su cabeza en su regazo.

ESTEBAN: Perdóname mi amor, perdóname. ¡Perdóname! (Mira a Cristina) Te quiero tanto... (Vuelve a apoyar la cabeza en las rodillas de Cristina) Por favor, olvida todo esto, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname...

Cristina acaricia la cabeza de Esteban, le toca el pelo, le toca el cuello, Esteban levanta la cabeza levemente, la mira, la besa en las piernas, le besa la mano, se acerca más a ella, le besa el cuello, la besa en los labios, la tumba sobre la cama... Hacen el amor.


Días después.

Acacia está sentada en el patio leyendo. Esteban llega, se acerca a ella, se sienta en una silla a su lado.

ESTEBAN: Acacia, necesito que hablemos.

Acacia no levanta la vista del libro.

ACACIA: Tú dirás.

ESTEBAN: Aquí no Acacia. Vayámonos.

ACACIA: No hace falta, podemos hablar aquí. Estamos solos, nadie nos va a molestar.

ESTEBAN: Por favor Acacia.

Esteban le coge la mano a Acacia, ella mira su mano y mira a Esteban a los ojos. Le ve nervioso, tenso, los ojos inundados en lágrimas.

ESTEBAN: Por favor, te lo suplico. Necesito que hablemos.

Acacia le mira, agacha la mirada, mira al frente, suspira, y le vuelve a mirar a él.

ACACIA: Está bien.

Acacia se levanta. Esteban hace lo propio. Ambos se dirigen a las caballerizas.


Esteban llega al lago seguido de Acacia, baja de su caballo y camina hasta la orilla. Se sienta. Acacia le sigue y hace lo mismo.

ESTEBAN: Me encanta este lugar... Me recuerda tanto a ti.

Esteban mira a Acacia, ella no le mira.

ESTEBAN: Acacia yo quiero a tu madre. Quiero a Cristina muchísimo.

Acacia se vuelve a mirarle.

ACACIA: ¿Para eso me has pedido que hablemos? ¿Para decirme que quieres a mi madre? Ya me lo has dicho... Me lo has repetido hasta el cansancio.

ESTEBAN: No Acacia. Te he pedido que hablemos para decirte que, quiero a tu madre muchísimo, la quiero más de lo que jamás imaginé que podría quererla, de verdad. Pero... Pero estás tú. (Acacia le mira asombrada) Estás tú, y este deseo loco que despiertas en mí, esta pasión, estás ganas sin sentido de tenerte, de que seas mía. (La coge de las manos, la acerca a él) Y no me lo puedo arrancar. Haga lo que haga, ¡no me lo puedo arrancar!

Acacia le mira, Esteban le suelta las manos, le toca la cara, le acaricia el pelo, le pone la mano en la cintura, le acaricia la espalda. Acacia acaricia la cara de Esteban, sus mejillas, sus labios, sus cejas. Él la acerca a él, la besa, la separa de él mínimamente. Ella le besa. Se recuestan sobre la hierba.

ESTEBAN: Te amo tanto.

Esteban besa a Acacia en el cuello, le desabrocha la blusa... Y en ese instante, Acacia se entregó a Esteban, y Esteban se entregó a Acacia.


Semanas después

Acacia entra en la habitación de un hotel. Esteban está sentado en la cama, con los codos apoyados en las piernas, se mira las manos. Acacia se acerca a él, con una amplia sonrisa.

ACACIA: Mi amor. (Esteban no levanta la cabeza, ella deja de sonreír) ¿Qué pasa Esteban?

ESTEBAN: No podemos seguir con ésto. No puedo seguir haciéndole esto a Cristina. (Mira a Acacia) Ni tú puedes seguir haciéndole esto a tu madre.

Acacia le mira, con los ojos empapados en lágrimas.

ACACIA: ¿Y a mí sí puedes hacérmelo?

Esteban levanta la cabeza, la mira, tiene el rostro empapado en lágrimas.

ESTEBAN: ¿Tú podrás perdonarte? Yo no creo que pueda.

Acacia se arrodilla en frente de él, le pone las manos en las rodillas.

ACACIA: ¡Dejemos de engañarla! Termina tu matrimonio.

Esteban la mira.

ESTEBAN: ¿Y cuándo me pregunte por qué? ¿Qué le digo cuando me pregunte? ¿Le cuento que me enamoré de su hija? ¿Le cuento que su hija y yo la hemos estado engañando?

Acacia mira a Esteban asustada, se sienta en el suelo. Se coge la cara entre las manos.

ACACIA: Dios mío, ¿qué he hecho? ¿Qué hemos hecho? Oh Dios, la destrozaríamos. (Mira a Esteban) Mi madre no puede saber la verdad, la mataríamos de la pena.


Esteban entra en la recamara, viene cabizbajo, con los ojos llorosos. Cristina está tumbada en la cama leyendo.

CRISTINA: ¿Dónde estabas Esteban? ¿Qué pasa? ¿De dónde vienes?

ESTEBAN: Me voy a dar un baño Cristina.

Cristina se levanta de la cama y le corta el paso a Esteban.

CRISTINA: ¿Qué está pasando Esteban? ¿Qué me ocultas?

Esteban la mira.

ESTEBAN: Nada Cristina, de verdad, me voy a dar un baño.

Cristina agarra a Esteban del brazo.

CRISTINA: ¿Nada? Hace días que no me tocas, hace días que no me haces el amor, hace días que desapareces sin darme ninguna explicación. ¿Qué está pasando? (Mira a Esteban con lágrimas en los ojos) ¿Hay otra mujer? ¿Es eso?

ESTEBAN: ¡No! No hay ninguna otra mujer, Cristina. (Se aparta de Cristina) Me voy a dormir a otra recamara.

Esteban se da media vuelta y se dirige hacia la puerta.

CRISTINA: ¡Esteban!

Esteban se da la vuelta.

ESTEBAN: Te quiero Cristina, no lo olvides, no lo dudes.

Esteban se marcha de la habitación, Cristina se derrumba sobre la cama.

CRISTINA: Hay otra mujer, lo sé. ¿Pero quién?





Laura González López (2014. España)

viernes, 14 de noviembre de 2014

Capitulín 17. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Acacia sale de la habitación, se para un instante en el pasillo, se apoya en la pared, respira lento, profundo, cierra los ojos, inhala, exhala, abre los ojos y se dirige al despacho. Llama a la puerta, entra.

ACACIA: Esteban, necesito hablar contigo. ¿Puedo pasar? Es importante. 

Esteban está sentado frente al escritorio, la mira.

ESTEBAN: Claro Acacia, tú dirás.

Le hace un gesto con la mano, indicándole que se siente, Acacia se sienta en una silla al otro lado del escritorio.

ACACIA: No quiero alargar esta conversación innecesariamente, por eso te pido que seas totalmente sincero conmigo (Esteban la mira extrañado) ¿Es verdad? ¿Es verdad qué te dedicas a amenazar a todos los chicos que han mostrado algún interés en mí? ¿Por qué lo haces Esteban? ¿Por qué no quieres que ningún hombre se acerque a mí?

Esteban se levanta de la silla, se dirige hacia ella, pero se aleja, se queda a unos pasos.

ESTEBAN: Acacia yo...

ACACIA: Sin mentiras Esteban. (Le mira a los ojos) Por favor.

ESTEBAN: No los amenazo, bueno, puede que mi forma de decir las cosas sea brusca, pero es sólo porque me preocupo por ti.

ACACIA: Te preocupas por mí. (Se pone de pie, le mira) ¿Y por qué te preocupas por mí? ¿Por qué tú te preocupas por mí?

ESTEBAN: Porque tú, porque... (Se da la vuelta, vuelve a darse la vuelta, la mira) Porque tú eres la hija de mi mujer, y me preocupa que no te cases con un buen hombre.

ACACIA: ¿Es por eso Esteban? ¿Sólo por eso? ¿Quieres que encuentre a un buen hombre?

ESTEBAN: Sí Acacia, sólo por eso.

ACACIA: Muy bien (Se le llenan los ojos de lágrimas) Ya no tienes que preocuparte más por mí Esteban, ya encontré un buen hombre. Y además un buen hombre que mi mamá aprueba, así que, cómo sólo te preocupa que esté con un buen hombre, ya puedes dejar de preocuparte.

Esteban la mira asombrado, se dirige a ella, la coge por los brazos, se la acerca a él.

ESTEBAN: ¿De quién hablas Acacia? ¿De quién demonios estás hablando? ¡Habla!

Acacia le mira, se intenta soltar.

ACACIA: ¡Esteban suéltame! ¡¡Suéltame Esteban!! Me estás lastimando...

Esteban la suelta.

ESTEBAN: No hay un sólo hombre que te merezca (se le acerca a la cara) ¡Ni uno sólo!

Acacia le empuja.

ACACIA: Eres un idiota Esteban, y te comportas como lo que eres, ¡como un idiota! Te odio, te odio tanto Esteban.

Acacia se dirige a la puerta, antes de abrirla se vuelve a mirar a Esteban.

ACACIA: Te odio.

Acacia abre la puerta.

ESTEBAN: ¡Yo también te odio!

Acacia cierra la puerta, Esteban se dirige al escritorio, tira con furia los papeles que están en él, se coge la cabeza entre las manos, se toca el pelo.

ESTEBAN: No Acacia, no puedes estar con otro hombre. Tú no, tú no mi Acacia.


Acacia corre a su habitación, se para en la puerta, se limpia las lágrimas de su rostro y entra. Manuel está sentado en una silla, tiene los ojos lloroso y en las manos la cajita con el anillo de pedida. Acacia se acerca a él, a paso lento, se arrodilla frente a él, y coloca las manos en sus rodillas.

ACACIA: Manolo, perdóname. Lo que he hecho ha sido horrible, irme así, sin decirte nada perdóname. (Manuel la mira) Quiero que sepas que te quiero muchísimo, que te quiero más de lo que jamás podré querer a nadie, pero no te amo. No estoy enamorada de ti. Y no sería justo contigo contestar a tu pregunta sin antes decirte la verdad. No te amo Manuel, esa es la verdad.

MANUEL: ¿Quieres casarte conmigo?

ACACIA: Manuel, acabo de decirte que no te amo.

MANUEL: Te he oído Acacia, y lo sé. Siempre lo he sabido, igual que siempre he sabido que... Que amas a otro hombre. Pero yo te amo, y sé que puedo hacerte muy feliz, sé que yo no voy a desaparecer de tu vida, sé que yo voy a conseguir que olvides a quién sea. Sólo tienes que darle una oportunidad a lo nuestro. Así que, ¿quieres casarte conmigo?

Acacia apoya la cabeza en las rodillas de Manuel, está sentada sobre sus propios pies, levanta levemente la cabeza, le mira a los ojos.

ACACIA: Sí Manolo, quiero casarme contigo.


Acacia y Manuel llegan al salón, cogidos de la mano. Cristina, Elena y Juan Carlos están sentados, ellas en el sofá, en el sillón.

ACACIA: Mamá, ¿puedo hablar contigo un momento?

Cristina mira a su hija, ve las manos entrelazadas y sonríe.

CRISTINA: Por supuesto que sí hija.

Cristina se levanta del sofá, Acacia sonríe a Manuel, le suelta la mano y agarra el brazo de su madre.

ACACIA: Vayamos fuera, quiero caminar contigo.

CRISTINA: Claro que sí, vamos.


Acacia y Cristina caminan tranquilas por el patio de la hacienda.

ACACIA: Mamá, quiero contarte algo importante.

CRISTINA: Imagino que tiene que ver con Manuel, ya vi que entraron agarraditos.

ACACIA: Sí mamá, tiene que ver con Manolo. Mamá, me ha pedido que me case con él y le he dicho que sí.

Cristina se para, mira a su hija.

CRISTINA: ¿Casaros? ¿No es un poco pronto? Ni siquiera me habías dicho que tuvierais una relación.

ACACIA: Mamá, no nos vamos a casar mañana. Estamos comprometidos, y queremos una relación seria, muy seria.

CRISTINA: ¿Y te casarás cuando estés totalmente segura y preparada?

ACACIA: Claro que sí mamá.

CRISTINA: ¡Ay hija! Que felicidad más grande.

Cristina y Acacia se dan un sincero abrazo.

ACACIA: Hay algo más mamá.

CRISTINA: ¿El qué cariño?

ACACIA: Quiero que hablemos de Esteban.

CRISTINA: Acacia, ¿otra vez?

ACACIA: Sí mamá, pero esta vez es diferente. (Cristina la mira extrañada) Ya no voy a oponerme más a vuestra relación. No más.

CRISTINA: ¿Y ese cambio?

ACACIA: Porque... Porque me he dado cuenta de que sí te quiere.

CRISTINA: Ay mi amor, no sabes lo feliz que me haces.

Cristina abraza a Acacia, mientras a ésta le resbalan las lágrimas por las mejillas.


Cristina y Acacia regresan a la casa, entran en el salón. Cristina se dirige a Esteban que está de pie, apoyando las manos en el respaldo de una silla. Acacia va a donde está Manuel, al otro lado del salón, de pie al lado del sillón donde está sentado Juan Carlos. Acacia le susurra algo a Manuel al oído y él asiente.

ACACIA: Manolo y yo tenemos algo que contarles.

Juan Carlos y Elena los miran, Cristina mira a Esteban y le sonríe.

ACACIA: Manolo y yo estamos prometidos, y nos vamos a casar.

Elena y Juan Carlos miran a su nieta sorprendidos, Cristina continua sonriendo, mientras que Esteban va pasando del asombro al hastío.

JUAN CARLOS: Pero mi hijita, ¿no es demasiado pronto?

ESTEBAN: ¡Exacto! ¿Cómo vas a casarte con este? ¡¡No digas tonterías Acacia!!

CRISTINA: ¡Esteban basta! (Mira a Esteban seria, baja la voz) No sé a qué ha venido eso, pero no más.

Elena se levanta del sofá, se acerca a Acacia, le da un beso y un abrazo.

ELENA: Ay preciosa, pues yo estoy muy contenta por ti. Manuel es un buen muchacho.

MANUEL: Gracias doña Elena.

Elena y Manuel se abrazan.

JUAN CARLOS: ¿Y tú mi hija? (Mira a Cristina) ¿Qué tienes que decir?

CRISTINA: Yo estoy muy feliz por mi hija papá. Hemos hablado, y la apoyo, incondicionalmente.

JUAN CARLOS: Bueno mi hijita, si tu mamá está totalmente de acuerdo, ¿quién soy yo para oponerme a todo esto? (Se levanta del sillón, se dirige a Acacia, le da un abrazo) Pero aún así quiero que hablemos tranquilos. (Acacia asiente) Y en cuanto a ti muchacho (Pone sus manos en los hombros de Manuel) más te vale que cuides mucho a mi nieta.

MANUEL: Así será don Juan Carlos, no lo dude. Nunca.

Acacia mira a Esteban, los dos están serios.

ACACIA: ¿Y tú Esteban? ¿No nos vas a felicitar?

ESTEBAN: Yo ya he dicho todo lo que tenia que decir sobre este asunto. Si me disculpáis.

Esteban se marcha.

CRISTINA: No os preocupéis. Cuando le diga que ya aceptas nuestra relación, Acacia, su actitud será otra. Ya lo veréis.


Es de noche en la Benavente. En la recamara principal Cristina se quita la bata, Esteban ya está en la cama, ella se mete también, se acerca a Esteban.

CRISTINA: Mi vida, ¿por qué reaccionaste así con la boda de mi hija? No entiendo porque adoptas esa actitud.

ESTEBAN: Me pongo así porque Manuel es un bueno para nada. Además, estoy seguro de que tu hija no está enamorada de él, y...

Cristina le interrumpe.

CRISTINA: Esteban, este asunto no es tuyo. Es un asunto de mi hija, y yo como su madre soy quién debe preocuparse, y quién se preocupa de todas las decisiones que ella tome. No quiero que vuelvas a interferir en estos asuntos.

ESTEBAN: ¿Lo dices por qué me odia?

CRISTINA: No Esteban. Es más, esta tarde me ha dicho que acepta nuestra relación.

ESTEBAN: ¿Qué te ha dicho qué?

CRISTINA: Lo que escuchas mi vida. Pero que acepte nuestra relación no significa que tengas que preocuparte por ella. Tú preocúpate sólo por mi.

Cristina se acerca a Esteban, él la tumba en la cama, empieza a besarla, en la boca en el cuello...


Semanas después

Acacia está en su habitación, sentada en el sofá, llaman a la puerta y entra Manuel.

MANUEL: Amor, buenos días.

Manuel se acerca a Acacia, va a darle un beso en los labios pero ella mueve la cara, así que finalmente se lo da en la mejilla.

ACACIA: Buenos días Manolo.

MANUEL: Acacia, ¿aún estamos así?

ACACIA: ¿Así cómo?

Manuel mira triste a Acacia.

MANUEL: Me quitas la cara Acacia. No me dejas besarte.

ACACIA: Ay, Manolo que tontería, claro que dejo que me beses.

MANUEL: Sí Acacia, pero cuando estamos delante de los demás. Cuando estamos con tu madre... O con Esteban.

Acacia le mira, respira hondo, se levanta y le coge las manos.

ACACIA: Manolo, entiéndeme. Necesito tiempo. Para mí no es fácil cuando estamos solos, sólo tienes que darme tiempo, ¿si?

Acacia se acerca a Manuel y le da un beso rápido en los labios.

ACACIA: Vamos al comedor, nos estarán esperando.


En la recama principal Esteban se está poniendo la camisa. Cristina se acerca a él, le abraza, le besa.

CRISTINA: Mi vida, me gustaría hacer un viaje. Tú y yo.

ESTEBAN: Lo que tú quieras mi amor.

Esteban abraza a Cristina, le da un beso en la frente.

ESTEBAN: ¿Te he dicho lo mucho que te quiero?

Cristina se ríe. Se vuelven a besar.


En el comedor, todos están sentados a la mesa desayunando. Acacia y Manuel se besan y se hacen mimos varios, mientras Cristina, Juan Carlos y Elena hablan, Esteban está serio, mirando a Acacia.

ESTEBAN: Manuel, ya es hora de empezar a trabajar. Y sin excusas varias.

MANUEL: Sí Esteban, ya voy. Con permiso.

Manuel se levanta de la mesa, se agacha, da un beso en la boca a Acacia, sonríe a los demás y se va.

ACACIA: Yo también me retiro, voy a montar, con permiso.

Acacia se levanta, Esteban hace lo propio.

ESTEBAN: Con permiso.

Esteban se levanta de la mesa y hace ademán de irse. Acacia aún está en el comedor, de pie, al lado de la mesa.

CRISTINA: Mi vida, ¿mi beso?

ESTEBAN: Ay sí, Cristina. 

Esteban se agacha frente a Cristina, le da un beso en los labios, Acacia se marcha, para no verlos.


En las caballerizas, Acacia monta en su caballo, sin apartar los ojos de Esteban. Él se sube en su caballo también, ella pone el caballo al galope y él hace lo mismo. Acacia llega al lago, se baja del caballo y espera a que Esteban también lo haga.

ACACIA: ¿Qué te pasa Esteban? ¿Por qué me sigues?

ESTEBAN: No quiero que Manuel te toque Acacia. No quiero que te vuelva a besar.

ACACIA: ¿Pero qué tonterías dices Esteban? Es mi novio, y pronto será mi marido.

Esteban coge a Acacia de los brazos.

ESTEBAN: Nunca más Acacia, él no puede tocarte nunca más.

ACACIA: ¿Y por qué no? ¿Acaso tú no tocas a tu mujer?

Esteban la agarra por la cintura, por la espalda, impidiéndole que se suelte.

ESTEBAN: No es lo mismo Acacia, no lo es. Y tú lo sabes.

Acacia consigue soltarse, le da una bofetada.

ACACIA: ¿Y por qué no es lo mismo? ¡Dime! ¿¿Por qué??

Esteban vuelve a agarrar a Acacia.

ESTEBAN: ¡Tú eres mía!

Esteban besa a Acacia, ella le corresponde, aunque finalmente se suelta. Le abofetea, le pega con los puños cerrados en el pecho.

ACACIA: ¡¡No soy tuya Esteban!! ¡¡¡No lo soy!!! ¡No lo soy, no lo soy, no lo soy!

Acacia se separa de Esteban, anda unos pasos, se toca el pelo, se enjuaga las lágrimas de los ojos, mira a Esteban con furia.

ACACIA: Si algún día pude ser tuya, eso se terminó en el momento en el que te casaste con mi madre. ¡Mi madre!

Acacia se dirige al caballo, justo cuando se va a montar, llega Esteban, la agarra del brazo, la coge por la cintura.

ESTEBAN: Qué no te vuelva a tocar Acacia... O te juro que lo mato.





Laura González López (2014. España)

lunes, 10 de noviembre de 2014

10 sies y 10 noes de La Malquerida

Síes

1.   Sí a la química Meier-Ariadne, de esas de las que existen pocas, aunque mal aprovechada. Incomprensible.

2.   Sí a nada del final. Previsible.

3.   Sí a Meier-Ruffo y el esperado momento de la verdad, él maravilloso revelando una verdad como esa, ella fabulosa llenándose de rabia. Imperdible e imborrable.

4.   Sí a Fabián Robles como el Rubio. Imprescindible e impecable.

5.   Sí a Juan Carlos y Elena, ternura y comprensión de abuelos; Ignacio López Tarso y Silvia Mariscal, experiencia de primeros actores.

6.   Sí a Memo y Arturo, o más bien a Joshua Gutiérrez y Gonzalo Peña, el primero todo ojos, el segundo todo sonrisas. Frescura y atractivo.

7.   Sí a Alberto Estrella, que no a Danilo, su personaje un coñazo, él sublime.

8.   Sí a optar por una historia original, aunque se haya quedado en intento. Si bien quién no arriesga, no gana.

9.   Sí a Christian Meier, Victoria Ruffo y Ariadne Díaz, cubriendo debilidades.

10.   Sí a las subtramas Luisa-Gonzalo-Rosa, Perla-Memo. Compensando.


Noes

1.   No a la adaptación. Lenta, incongruente, mal hilada, con cambios de guión cada semana. Destrozo de la obra de un premio nobel.

2.   No al final trillado, aburrido, previsible y que pretende ser una lección. Patético.

3.   No a estropear el tan esperado momento de la gran verdad, haciendo que un personaje ajeno al trío cargue con tal responsabilidad. Imperdonable.

4.   No a los momentos de publicidad metidos con calzador en la trama. Más sutileza la próxima. Agotador.

5.   No a Alejandra y su drama. Había días que no se sabía si era La Malquerida o La Turquesa. Fastidio. África Zabala fantástica.

6.   No a Héctor, personaje introducido con calzador, con la misión de ser el Batman de El Soto, porque ni a compensar a Cristina llegó, qué menos mal. Tanta perfección hastía.

7.   No a Acacia y Uises, y sus voy y vengo con una química inexistente. Una piña y un melón les superan.

8.   No a la bipolaridad de Acacia. Dieciocho años no es sinónimo de inestabilidad e incongruencia. Personaje mal definido. Como casi todos.

9.   No a Lupita Jones y su incomprensible participación. La palabra actuación le queda grande.

10.   No a la nula presencia de Victoria Ruffo, se han visto muebles en la Benavente con más participación en la trama que Cristina. Incomprensible.

10.bis.   No a destrozar el personaje de Esteban, de la noche a la mañana convertirlo en villano, un villano perturbado y sin sentido. Inverosímil e irritante.

10.ter.   No a hacer de Acacia en las últimas semanas una mezcla entre víctima y femme fatale. Ridículo y fastidioso.

10.quater.   No a vender algo y no cumplirlo, intentando que todos comulguen con ruedas de molino. Estúpida suposición de la estupidez ajena. Dónde quedo madre e hija luchando por un mismo hombre. Estafa.

10.quinquies.   No a pensar que la intriga es ir a paso tortuga durante casi noventa capítulos y luego acelerar en la recta final. Desconocimiento.

10.sexies.   No a empezar la historia con una Acacia niña y un Esteban hombre. Con una Acacia ya mujer y loca por el peón, la trama principal hubiera explotado en el minuto uno. Mal planteamiento.

10.septies.   No a destruir la esencia del original, por muy adaptación que haya pretendido ser, Jacinto lo dijo, Acacia amaba a Esteban, el güero Castro lo olvidó. Inaudito.

(Muchos Noes)


Anexo personal

Sí a los comentarios jocosos y momentos divertidos en Twitter, a la buena y maravillosa gente.

No al mal uso intencionado de las redes sociales, a los insultos a los actores, a los rifi rafes entre fans, a los descalificativos, a los moralistas de manos sucias.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Capitulín 16. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Acacia y Manuel están en el patio, sentados en el banco de piedra, llega un coche a la Benavente, de él se baja un muchacho.

ACACIA: ¡Rodrigo! Pero, ¿qué haces aquí? ¿No estabas en España?

Acacia y Rodrigo se dan un sincero abrazo. Él la levanta del suelo.

ACACIA: ¡Acacia! (La baja al suelo y le da un beso en la mejilla) Regresé ayer a México, y lo primero que quise fue venir a verte.

Manuel se acerca a ellos.

MANUEL: Rodrigo, ¿cómo estás? Cuánto tiempo.

Manuel y Rodrigo se dan la mano con cierta indiferencia.

RODRIGO: ¿Cómo estás Manuel? Gusto verte. (Se dirige a Acacia) Bueno Acacia, ¿pasamos el día en el lago? Tengo mucho que contarte. Y tengo muchas ganas de estar contigo.

ACACIA: Claro que sí Rodrigo, me encantaría pasar la tarde contigo.

El teléfono de Rodrigo suena, lo coge, mira la pantalla.

RODRIGO: Si me disculpáis, es mi papá.

ACACIA: Claro, adelante. Saluda a tu papá de mi parte, ¿quieres?

Rodrigo sonríe a Acacia y se aleja para hablar.

MANUEL: ¿Por qué Acacia? ¿Por qué?

Acacia le mira extrañada.

ACACIA: ¿Por qué qué Manolo? ¿De qué hablas?

MANUEL: ¿Por qué sales con todos estos imbéciles y no conmigo que te quiero tanto? Que te amo tanto.

ACACIA: Manolo, yo...

Esteban llega en ese momento.

ESTEBAN: ¡Manuel! ¿Ya estás perdiendo el tiempo? Deberías estar trabajando.

MANUEL: Esteban sólo estaba descansando un rato. Hablando con Acacia.

ESTEBAN: ¿Descansando? Descansado es tu estado normal. Vamos, ¡a trabajar! ¡¡¡Ya!!!

Rodrigo regresa.

RODRIGO: Bueno Acacia, ¿nos vamos?

Esteban mira a Rodrigo con desconfianza.

ESTEBAN: ¿Y tú quién diablos eres?

Rodrigo se acerca a él. En ese momento sale Cristina de la casa.

CRISTINA: ¡Rodrigo! Pero que alegría, te hacía en España.

Cristina se acerca a Rodrigo, le da un beso. Mira a Esteban.

CRISTINA: Mi vida él es Rodrigo, el hijo de Montserrat y Fausto.

Rodrigo alarga la mano para saludar a Esteban, él no se mueve.

CRISTINA: ¿Mi vida?

ESTEBAN: Sí perdona, Rodrigo, encantado.

Rodrigo y Esteban se dan un apretón de manos.

ACACIA: Mamá, Rodrigo y yo nos vamos al lago, ¿te parece bien?

Acacia se acerca a Cristina, le coge del brazo.

CRISTINA: Por supuesto que sí hija, disfrutad de la tarde.

Esteban mira a Manuel.

ESTEBAN: ¿Yo a ti no te he dicho que te vayas a trabajar?

Manuel mira furioso a Esteban.

MANUEL: Sí claro, si me disculpáis.

Manuel se  marcha. Cristina se acerca a Rodrigo, le da un beso.

CRISTINA: Yo también me retiro, tengo muchos pendientes. Me ha encantado verte Rodrigo, espero que vengas más seguido a visitarnos.

Rodrigo mira a Acacia, le guiña un ojo y mira a Cristina.

RODRIGO: Eso seguro Cristina.

ACACIA: Rodrigo espérame, ¿sí? Voy a cambiarme de ropa, no me tardo.

RODRIGO: Claro Acacia, aquí te espero.

Acacia se acerca a Rodrigo y le besa en la mejilla, le sonríe. Pasa al lado de Esteban.

ACACIA: Esteban.

Acacia se marcha, Rodrigo y Esteban se quedan solos.

ESTEBAN: Voy a decirte ésto rápido y claro. Quiero que te alejes de Acacia.

RODRIGO: ¿Disculpa?

ESTEBAN: ¿Estás sordo o eres tonto o te lo haces? Te he dicho que quiero que te alejes de Acacia, quiero que no vuelvas a poner un pie en mi casa. ¿Te quedó claro?

Rodrigo le mira atónito, luego sonríe levemente.

RODRIGO: Ya me perdonarás Esteban, pero mientras Acacia quiera que venga a visitarla, así lo haré. Y mientras Cristina, la dueña de esta hacienda, me lo permita, lo haré.

Esteban le mira furioso, se le acerca.

ESTEBAN: Luego no digas que no te lo advertí. Y pobre de ti como le digas algo a Acacia, a Cristina o a tus padres.

Esteban se aleja.


Es de noche en la Benavente, Esteban y el Rubio están sentados en el banco de piedra del patio.

RUBIO: Compadre, ¿y qué tal la vida de marido?

ESTEBAN: Bien Rubio, Cristina es una gran mujer.

RUBIO: ¿Seguro compadre?

ESTEBAN: Por supuesto que sí Rubio.

RUBIO: ¿Y que hay de tus quehaberes con la niña Acacia?

ESTEBAN: ¡Qué tonterías dices Rubio!

RUBIO: Pos tú dirás lo que quieras, pero en el pueblo ya se dice, y si se dice, pa' mi que sí, que tienes tus quehaberes.

Esteban mira al Rubio.

ESTEBAN: ¿De qué diablos hablas Rubio?

RUBIO: Pos lo que oyes compadre. Que hay rumor, que se habla.

ESTEBAN: ¿Se habla de qué Rubio? ¡Habla!

RUBIO: Pos de que los pretendientes de la niña Acacia o ya no vuelven a esta su casa, o sin más desaparecen. Y ya hasta la andan llamando la malquerida, por quererla quién la quiere.

ESTEBAN: ¿Y quién la quiere?

RUBIO: Pues quién más, tú compadre.

Esteban agarra al Rubio de la camisa.

ESTEBAN: ¡No digas estupideces! ¿Me oíste? ¡Nunca más repitas eso! ¡Jamás!

CRISTINA: ¡Esteban! ¡Esteban!

Esteban suelta al Rubio y se pone de pie, el Rubio hace lo propio. Cristina llega corriendo hasta ellos.

ESTEBAN: Cristina mi amor, ¿qué pasó?

Cristina agarra las manos de Esteban.

CRISTINA: Una desgracia Esteban, ¡una desgracia! (Se sujeta la cara con las manos, abraza a Esteban, se separa) ¡Rodrigo murió! Tuvo un accidente con su coche cuando salió de aquí, algo le falló al coche, acaban de encontrarlo camino de su hacienda. Ay, Dios mio, que desgracia. (Llora) Voy a ver a mi hija.

Cristina se marcha.

RUBIO: Si ya decía yo, la malquerida. ¿Qué no compadre?


Acacia está en su habitación con Manuel, está abrazada a él, llora.

MANUEL: Venga Aci, tranquilízate.

ACACIA: ¡Qué horror Manolo! Rodrigo. Era nuestro amigo. Desde niño. ¿Te acuerdas lo bien que lo pasábamos? No lo puedo creer.

Manuel acompaña a Acacia a una silla, la ayuda a sentarse.

MANUEL: Aci, tenemos que hablar.

ACACIA: ¿Ahora? 

MANUEL: Sí, ahora. Es importante. (Se sienta en otra silla) Acacia, en El Soto te llaman la malquerida.

Acacia le mira incrédula.

ACACIA: ¿A mí? ¿A mí por qué me llaman así? ¿La malquerida? ¿Mal querida por quién?

Manuel carraspea.

MANUEL: Porque ninguno de tus pretendientes vuelve, porque algunos desaparecen... (La mira) Dicen que Esteban los amenaza a todos. (Acacia lo mira atónita, él le coge la mano) Pero yo sigo aquí Acacia, siempre estoy aquí para ti. Y siempre lo estaré.

Manuel se levanta de la silla, saca una cajita del bolsillo de su pantalón, la abre, hinca su rodilla derecha en el suelo.

MANUEL: Acacia Rivas Maldonado, ¿quieres casarte conmigo?

Acacia le mira atónita, mira el anillo, le mira a él.

ACACIA: Ay Manolo.

Acacia no habla, Manuel sigue con la rodilla hincada en el suelo. Acacia se levanta y sale de la habitación. Manuel mira atónito la puerta.





Laura González López (2014. España)

Capitulín 15. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Cristina y Esteban están en el despacho.

ESTEBAN: Cristina, hay que ver que hacemos con la cosecha de algodón. No creo que sea buena idea vender toda a un mismo cliente.

CRISTINA: Ya veré lo que hago Esteban, tú no te preocupes.

ESTEBAN: ¿Cómo no me voy a preocupar? Claro que me preocupo. Todo lo que tenga que ver con la Benavente me preocupa.

CRISTINA: Pues no deberías. He manejado la venta de algodón hasta ahora yo sola, igual que todo lo demás, y seguiré haciéndolo.

Esteban la mira serio.

ESTEBAN: Mi amor, yo quiero involucrarme en el manejo de la hacienda.

CRISTINA: Y ya lo haces mi vida.

ESTEBAN: Pero quiero involucrarme más, tomar las decisiones contigo.

CRISTINA: No es necesario mi vida. Tus responsabilidades y las mías no tienen porque variar, por mucho que ahora estemos casados.

Esteban se acerca a Cristina, la toma de las manos.

ESTEBAN: Pero mi amor, yo quiero superarme, estudiar. Y tú misma dijiste que yo soy ahora el patrón.

Cristina se acerca a Esteban, le da un beso en los labios, le sonríe.

CRISTINA: Mi vida, tú serás el patrón, pero la mera mera, la patrona de la Benavente soy yo.

Esteban se separa de Cristina, la mira enfadado.

ESTEBAN: ¿Qué dijiste? ¡Me menosprecias Cristina! Me estás haciendo de menos con tus comentarios. ¿No te das cuenta? Yo sólo quiero ocupar el lugar del patrón, el lugar que me corresponde por haberme casado contigo.

Cristina le mira seria.

CRISTINA: Yo no te menosprecio mi vida, sólo te aclaro como son y como van a ser las cosas.

Esteban se va furioso del despacho.


En las caballerizas, Acacia está acompañada de un muchacho, hablan animados mientras uno de los peones les prepara los caballos. Llega Esteban.

ESTEBAN: ¿Y éste quién es?

Acacia le mira, sonríe.

ACACIA: Éste (dice con rentintín) es Daniel, un amigo. (Mira a Daniel) Daniel, él es Esteban (Mira a Esteban) el marido de mi madre.

Daniel extiende la mano.

DANIEL: Encantado.

Esteban se acerca a Daniel.

ESTEBAN: Ya te estás alejando de ella... (Se acerca más) O atente a las consecuencias.

Daniel lo mira atónito.

DANIEL: ¿Cómo dijo?

Esteban coge uno de los caballos que el peón ya ha terminado de preparar, se monta en él y sale al galope. Acacia  mira a Daniel.

ACACIA: Voy a ir a hablar con él. Espérame.

Acacia coge el otro caballo y sale al galope detrás de Esteban.


Esteban llega al lago, se baja del caballo, lo ata en un árbol y se dirige a la orilla. Se queda quieto mirando el agua. Llega Acacia, desmonta y se acerca a él, le coge por el brazo.

ACACIA: ¿Por qué te comportas así? Eres un idiota Esteban, un idiota. No quiero que vuelvas a tratar así a ninguno de mis amigos. ¿Entendiste? ¡Basta! ¡Ni una más!

Esteban la mira, furioso, respirando entrecortadamente.

ESTEBAN: Sales con niñatos Acacia, ¡con niñatos!

ACACIA: ¡Basta Esteban! Con quién yo salga no es de tu incumbencia. 

ESTEBAN: ¡Claro que lo es! ¡Por supuesto que lo es!

Esteban se acerca a Acacia, ella le da una bofetada.

ACACIA: ¡No lo es!

Esteban se acerca más a ella. Acacia lo mira, se acerca, él se separa. Ella le mira, respira entrecortada, él también, ella le toca la cara con la mano delicadamente, él la mira, la agarra de la cintura y la besa. Es un beso corto pero apasionado. Esteban se separa.

ESTEBAN: Perdóname, no debí besarte. Fue un error, un terrible error.

Acacia le mira furiosa, le da una bofetada. Él se pone la mano en la cara, se ríe.

ESTEBAN: Como que se te está haciendo costumbre Acacia.

ACACIA: ¡Te odio Esteban!

Acacia se dirige a su caballo, Esteban la mira.

ESTEBAN: Yo también te odio...


Tres días después.

Cristina y Esteban están en el salón, sentados en el sofá.

CRISTINA: Mi vida, no puedes seguir molesto conmigo.

Cristina le coge la mano, y con la otra le toca la cara a Esteban.

ESTEBAN: No estoy molesto Cristina, estoy dolido. No entiendo porque no me das mi lugar en la hacienda como lo que soy, el patrón.

CRISTINA: Por supuesto que te lo doy, pero eso no significa que tú vayas a manejar esta hacienda. Desde que murió el padre de Acacia yo me encargué de todo lo relacionado con la Benavente, y ha ido bien.

ESTEBAN: Yo te ayudé.

CRISTINA: Por supuesto mi vida, (le dedica una leve sonrisa) me ayudaste como lo que eras, el capataz. Y ahora me ayudarás en mis decisiones, en el día a día de la hacienda, como lo que eres, mi marido.

ESTEBAN: No estoy de acuerdo Cristina, no estoy de acuerdo con ésto que me ofreces.

CRISTINA: ¿No estás de acuerdo con que te ofrezca mi amor incondicional? ¿Mi día a día? ¿Mis alegrías? ¿Qué más quieres Esteban?

Esteban la mira a los ojos, se acerca a ella y le da un beso.

ESTEBAN: Yo te quiero Cristina.

Acacia entra en el salón.

ACACIA: ¿Interrumpo?

Acacia mira furiosa a Esteban, luego mira a Cristina, tiene los ojos inundados en lágrimas.

CRISTINA: Claro que no hija. (Se levanta) ¿Ha pasado algo?

ACACIA: Ay mamá (Abraza a Cristina) Es horrible, horrible. (Llora, se separa de Cristina) ¡Han encontrado  muerto a Daniel!

CRISTINA: ¿Cómo dices?

ACACIA: Sí mamá, en el camino hacia El Soto. Le habían golpeado mamá, y está muerto.

CRISTINA: Pero por Dios, ¿quién habrá sido?

Acacia mira fijamente a Esteban, él la mira a ella.

ACACIA: No sé mamá, ¿quién sería capaz de algo semejante? ¿Y por qué?





Laura González López (2014. España)

Capitulín 14. La Malquerida 2.0. La alternativa.

Acacia está en su habitación, sentada en medio de la cama. Le cae alguna lágrima mientras mira las fotos que tiene extendidas por la cama. Coge una de ellas, la toca, la mira.

ACACIA: Papá, si no te hubieras ido, si aún estuvieras aquí... Nada de ésto estaría pasando, nada. Mi mamá no se casaría con Esteban, y seríamos tan felices, y estaríamos tan unidas como siempre. (Acaricia con el dedo indice el rostro de su padre) ¿Por qué se casa con él papá? ¿Por qué si yo le he pedido que no lo haga? Ella no debe estar con él, no debe...

Llaman a la puerta, Acacia la mira. Vuelven a llamar.

ACACIA: Adelante.

Juan Carlos entra en la habitación.

JUAN CARLOS: Mi hijita, ¿puedo pasar?

ACACIA: Claro que sí abuelo.

Juan Carlos se acerca a la cama de Acacia, se sienta a su lado.

JUAN CARLOS: Mi hijita, ya es hora de que cambies de actitud. No sé que te pasa, no lo entiendo, pero sea lo que sea así no puedes seguir, así no podemos seguir.

ACACIA: Yo no quiero que mi mamá se case con Esteban, no estoy de acuerdo.

JUAN CARLOS: Ya sé mi hijita, ya sé. Pero es decisión de tu madre, y como tal, se la tenemos que respetar.

Llaman a la puerta, entra Cristina.

CRISTINA: Papá, no sabía que estabas aquí.

JUAN CARLOS: Sí hija, vine a hablar con mi nieta, pero ya las dejo solas. (Se acerca a Acacia, le da un beso) Piensa lo que hablamos, ¿sí?

Acacia asiente con la cabeza. Juan Carlos pasa al lado de Cristina y apoya su mano en su hombro. Cristina le sonríe levemente. Juan Carlos cierra la puerta de habitación mientras Cristina se sienta en la cama, al lado de Acacia.

CRISTINA: ¿Ya estás más tranquila?

ACACIA: Sí mamá. Perdóname por haber sido tan grosera contigo.

CRISTINA: Acacia no me gusta que estemos así, eres mi hija y te quiero. Pero no puedes pedirme que renuncie a mi futuro por ti, que renuncie al hombre al que amo.

ACACIA: Mamá él sólo está contigo por interés, no ves...

Cristina le interrumpe.

CRISTINA: ¡Basta Acacia! (Se levanta de la cama) Esteban y yo nos casamos el próximo sábado, espero que te comportes como debes. Y espero que como mi hija, me acompañes.

Acacia mira a su madre sorprendida, Cristina se dirige hacia la puerta.

ACACIA: Pero mamá...

Cristina se va. Acacia intenta evitarlo, pero finalmente rompe en llanto.


En la Benavente todo está dispuesto para la boda, en el patio han colocado una mesa con un mantel blanco que la cubre, dos floreros con flores silvestres. Unas pocas sillas dispuestas en frente de la mesa, unas pequeñas antorchas alrededor, algunas plantas, todo muy sencillo. Los invitados esperan, llegan Esteban y Cristina cogidos de la mano, él con unos pantalones beig y una camisa blanca, ella con un sencillo vestido blanco, largo. Caminan juntos, saludando a medida que se acercan a la mesa.

JUEZ: ¿Estamos listos?

ESTEBAN: Sí señor juez.

Mira a Cristina, sonríe. Cristina mira a su alrededor, mira a Elena que está a su lado que niega con la cabeza, Cristina suspira, mira a Esteban y le sonríe.

CRISTINA: Estamos listos.

JUEZ: Muy bien, celebremos un matrimonio entonces.


Acacia sale de su habitación, camina por el pasillo y se dirige hacia el patio, dónde Cristina y Esteban se están casando. Lleva un vestido blanco, corto. Llega al patio y se coloca al lado de su madre, un poco alejada, sin acercase.

JUEZ: Y yo le pregunto señor Esteban Domínguez Parra, si es su voluntad unirse en matrimonio civil con la señora Cristina Maldonado Reyes.

Esteban mira a Cristina, y ve a Acacia. Durante unos segundos se queda callado, mirando a Acacia.

CRISTINA: ¿Mi vida?

Esteban mira de nuevo a Cristina.

ESTEBAN: Sí, por supuesto, claro que sí señor juez.

JUEZ: Y ahora le pregunto a usted señora Cristina Maldonado Reyes, si es su voluntad unirse en matrimonio civil con el señor Esteban Domínguez Parra.

CRISTINA: Sí, lo es.

Acacia se da media vuelta y entra en la casa. Manuel la sigue.

MANUEL: Aci, ¿vestida de blanco?

Acacia y Manuel entran al salón.

ACACIA: Un color como otro cualquier Manolo.

MANUEL: Pero en la boda de tu madre, mala elección, ¿no?

ACACIA: Para mi esta boda es una farsa, mi madre se está casando con un oportunista, así que no le debo ningún respeto.

MANUEL: Venga Aci, salgamos fuera.

ACACIA: No tengo ganas de celebrar... esto.

MANUEL: No celebremos, pero muestra tu disconformidad comiendo y bailando. (La sonríe) Va venga, Aci, vamos a divertirnos.

Acacia sonríe.

ACACIA: Sí, divirtámonos.

Acacia y Manuel vuelven a salir al patio, Cristina ve a su hija y se dirige a ella.

CRISTINA: Acacia acompáñame al despacho. Ahora.


En el despacho, Acacia está de pie, mirando a Cristina, que cierra la puerta.

CRISTINA: Maravilloso por tu parte presentarte en la boda de tu madre vestida de blanco. (Acacia va a contestar) No, Acacia, ahora hablo yo. Me voy dos semanas de luna de miel con Esteban. Dos semanas que puedes aprovechar para aceptar esta nueva situación o para decidir qué quieres hacer, irte al DF, al extranjero, a dónde tú quieras. No te faltará de nada. Pero si decides quedarte, te quedas con todas las consecuencias, y eso incluye no volver a faltarme el respeto nunca más y tenerle la consideración debida a Esteban. ¿Entendido?

Acacia mira a su madre, está inmóvil.

CRISTINA: Acacia te hice una pregunta, ¿está entendido o no está entendido?

ACACIA: Está entendido, mamá.

CRISTINA: Ahora yo me voy a disfrutar de mi boda, y espero que mi hija la disfrute conmigo.

Cristina sale del despacho, Acacia mira la puerta, las lágrimas resbalan por sus mejillas.


Dos semanas después.

Un coche se detiene en la entrada de la Benavente, Esteban se baja de él y ayuda a Cristina a hacer lo propio. Se agarran por la cintura, se miran sonrientes, Esteban le da un beso a Cristina, un tierno beso en los labios. Rosa sale a recibirles.

ROSA: Patrones, ¡qué alegría! ¿Cómo les fue?

CRISTINA: Muy bien Rosa, pasamos unos días maravillosos. ¿Verdad mi vida?

ESTEBAN: Así es. Sencillamente maravillosos.

CRISTINA: ¿Y mis papas? ¿Y mi hija? ¿Dónde está mi hija, Rosa?

ROSA: Está en la sala con el joven Manuel y otro amigo.

CRISTINA: Gracias Rosa.


Esteban y Cristina entran el salón, Acacia los ve, se levanta del sofá y se acerca a su madre.

ACACIA: ¡Mamá! Qué alegría verte. (Mira a Esteban) Hola Esteban.

ESTEBAN: Hola Acacia.

MANUEL: Madrina, Esteban, bienvenidos.

CRISTINA: Gracias ahijado.

Esteban le hace un asentimiento con la cabeza.

ACACIA: Mira mamá este es Juan (señalando a un chico sentado en el sofá y que se pone de pie) fuimos juntos a la prepa y bueno ahora (se acerca a Juan, le coge de la mano) y ahora salimos juntos.

Esteban se queda petrificado, mira a Juan, luego a Acacia. Ella le mira fijamente.

CRISTINA: Encantada Juan.

Juan se acerca a Cristina, le da un beso.

JUAN: Encantado señora. (Se dirige a Esteban, le tiende la mano) Encantado.

Esteban le estrecha la mano, sin apartar los ojos de Acacia.


Acacia entra en la casa, viene de despedir a Juan en el patio. En el pasillo la espera Esteban.

ESTEBAN: ¿Por qué sales con ese niñato?

Acacia le mira, le sonríe.

ACACIA: Porque yo también soy una niñata, ¿no Esteban?

Acacia sigue caminando hacia su habitación, Esteban la mira.


Tres semanas después.

Esteban da vueltas por la terraza de la casa, se le nota inquieto, mira continuamente a la entrada de la casa, cuando ve que un coche entra se esconde detrás de una de las columnas. Del coche baja Juan que ayuda a Acacia, la da un tierno beso en los labios y Acacia entra en la casa. Antes de que Juan entre de nuevo en el coche, Esteban sale de detrás de la columna y se dirige a él. Le coge por la cara con una mano y con la otra le agarra del cuello.

JUAN: ¡Esteban! ¿Qué haces? ¿Qué te pasa?

Esteban le acerca más a él.

ESTEBAN: O te alejas de Acacia o te mato. (Lo separa de él, lo vuelve a acercar) Te lo juro.

Esteban aparta a Juan de un empujón, y éste cae al suelo.

ESTEBAN: Y como le cuentes algo de esto a Acacia, te mato (Saca una pistola de la parte trasera de su cinturón) ¡Ahora largo de aquí!


Esteban llega a la recamara, Cristina le está esperando en la cama.

ESTEBAN: No entiendo como dejas que tu hija salga con imbéciles.

Cristina le mira seria.

CRISTINA: Esteban, los imbéciles con los que salga mi hija, no son asunto tuyo.





Laura González López (2014. España)