El güero Castro ha conseguido algo que jamás imaginaron ver mis ojos, poner de acuerdo a estecias, rufferas y manelitas. ¡Que rico es el léxico twittero! Y es que la indignación surgida después del capítulo emitido ayer 9 de octubre, y tras el avance de lo que pasará hoy día 10, no tiene parangón novelero. Y no porque en otras novelas no se hayan dado desilusiones o decepciones en el giro de la historia, o con alguna trama en particular, sino, precisamente, por conseguir esa unión basada en la disconformidad.
Ahora, si a mi en primero de carrera me enseñaron Teoría del Derecho, imagino que Ximena Suárez pasaría por la Teoría del Guión o Teoría del Libreto, ya sabéis, esa clase en la que se habla de continuidad en la historia, desarrollo de la trama, lógica de las situaciones. Aunque creo que debería decirme a mi misma, Laura no imagines tanto, que esa asignatura se la saltó o más bien, la olvidó. Es eso, o que el güero no le compró una pizarrita donde ir colocando los acontecimientos importantes, pasados, presentes y futuros, esa misma pizarrita que se usa en toda serie policíaca, en Castle se ve en todos los capítulos (asidua que es una a esta serie norteamericana), y que es muy útil. En caso de no haberle llegado el presupuesto para la citada pizarrita, o para algún estupendo programa que implementar en el ordenador de Ximena, que hubiese avisado, y la pizarrita se la mandaba yo desde España o el mismo programita, que conozco un tío que hace maravillas.
Lo cierto es que, parece, a la señora Ximena Suárez le quedan grandes las historias originales, adaptando historias que previamente ya habían sido novela le ha ido muy bien, aunque el original en el fondo, es lo que importa. Es como el que coge cualquier libro, como Los pilares de la tierra y hace una adaptación más moderna del mismo, la esencia está ahí, pero el del arte, el de la imaginación, el generador de emociones, ese es Kent Follen, no el encargado de la adaptación. Vamos, que si yo no opero a alguien a corazón abierto es porque no soy médico, si yo no diseño un edificio es porque no soy arquitecto, si yo no llevo casos de derecho penal es porque no soy penalista, si la señora no es buena con las ideas originales, que siga con las adaptaciones. En definitiva cuenta, "Manolete si no sabes torear para que te metes" o "zapatero a tus zapatos", el refranero español es muy rico, no cabe duda. Matizo que, según mis internet-investigaciones, la única obra original que Ximena ha escrito se titulaba La Paloma, y no he encontrado ningún dato sobre la misma, en cuanto a su calidad, sólo que fue cancelada.
A todo ésto, alguien debería hacerle llegar al señor de la voz en off, ese que habla al final de cada avance, un resumen del capitulo sobre el que versa el avance en cuestión, porque sus sentencias si están más desatinadas hablan de otra novela.
Ahondando más explícitamente en lo acontecido en La Malquerida, ¿no hubiese sido más acertado que Esteban le hubiese contado lo que estaba pasando a Acacia y ella misma hubiese sugerido que contra los problemas económicos volviese con su madre? ¿No hubiese sido mejor que se explicase por qué Esteban no lucha por lo que le pertenece? Porqué a mi que me expliquen como es posible que, un señor que ha estado de administrador de unas tierras y un negocio que no eran propios, después de diez años, no tenga ahora dinero suficiente para invertir y vivir más que holgadamente, sin entrar en otras posibilidades legales. No más faltaba que nos salgan con que le pagaba una mensualidad a Cristina por vivir en la Benavente, ya puestos al absurdo, más absurdo. ¿No hubiese sido mejor no enredar tanto la maraña entre Acacia y Esteban fuera de la hacienda y haberlo hecho con el regreso de él a la misma? Hay tantas posibilidades, ¡tantas!
Además, hay algo que no entiendo, ¿si se cambió la idea original y no murió ninguno de los pretendientes de Acacia a manos de Esteban, para que carajo (vocablo del sur de España muy apropiado para este momento) le hacen tan malo ahora? Y tampoco malo sino más bien prostituto, porque para mi alguien que se acuesta con otro u otra, o regresa a una relación única y exclusivamente motivado por el tema económico, está ejerciendo el oficio más antiguo del mundo, y me da igual que sea hombre o mujer. Lo que no se puede es tener a un personaje rogando cual perrito faldero, exudando amor en vez de sudor, y en un nano segundo darle este giro de 180º, que no da interés sino que cabrea y frustra, además de ser incomprensible.
Y otra duda que me acecha, ¿en qué momento se cambia a un personaje malvado y se le convierte en manso corderito como por arte de magia? Porque lo del personaje de Norberto es de risa, pero de risa a carcajada limpia, sin previo aviso, así sin más, una mañana se levantó bueno. Ya sólo nos falta que Danilo no acabe en la cárcel por: tráfico de drogas, tráfico de blancas, prostitución de menores, maltrato, proxenetismo, y me dejo algún delito en el tintero. Yo por si acaso voy avisando desde aquí, que esos son delitos aquí en España, en México y en todos los países denominados democráticos, y que no olvide Ximena que ella ha ambientado la novela en México. Lo digo para que por lo menos, en algo no patine y le de a este personaje el castigo ejemplar que merece, que con lo cansinos que han sido con el tema de Turquesa (la auténtica malquerida, visto lo visto) sólo faltaría que no lo tuviesen todo atado y bien atado.
No puedo evitar la comparativa, y es que, pueden gustar más o menos las historias que salen en Telemundo, pero por lo menos son originales, y a mi lo que me sigue sorprendiendo es que, con tanto refrito y adaptación de novelas de otros países, las novelas de Televisa sean las más vistas, y me sorprendo a mi misma viéndolas. Sólo hay que echar un vistazo a las novelas que ahora mismo tienen en parrilla para ver que la originalidad brilla por su ausencia: Yo no creo en los hombres, refrito; La gata, adaptación; Hasta el fin del mundo, adaptación; Mi corazón es tuyo, adaptación. Claro que esta última a mi entender sí se salva, puesto que, aunque es la adaptación de la serie española Ana y los siete, son como la noche y el día, superando aquélla con creces a la original. Y por último, está La Malquerida, que aunque basada en la obra de teatro homónima, por lo menos no ha sido llevada a la pantalla como telenovela hasta ahora, aunque visto lo visto, empiezo a entender un poco a los directivos de Televisa.
Puede que algún día, de ser así, sería muy lejano me temo, se pueda decir que La Malquerida supuso el inicio del cambio. Aunque sospecho que lo único que se dirá al recordar esta novela sea: maldito el día en el que se les ocurrió que fuera Ximena Suárez la encargada de adaptar la obra de teatro del dramaturgo español Jacinto Benavente. Que triste. Que decepción.