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viernes, 10 de octubre de 2014

La Malquerida y el absurdo

El güero Castro ha conseguido algo que jamás imaginaron ver mis ojos, poner de acuerdo a estecias, rufferas y manelitas. ¡Que rico es el léxico twittero! Y es que la indignación surgida después del capítulo emitido ayer 9 de octubre, y tras el avance de lo que pasará hoy día 10, no tiene parangón novelero. Y no porque en otras novelas no se hayan dado desilusiones o decepciones en el giro de la historia, o con alguna trama en particular, sino, precisamente, por conseguir esa unión basada en la disconformidad.

Ahora, si a mi en primero de carrera me enseñaron Teoría del Derecho, imagino que Ximena Suárez pasaría por la Teoría del Guión o Teoría del Libreto, ya sabéis, esa clase en la que se habla de continuidad en la historia, desarrollo de la trama, lógica de las situaciones. Aunque creo que debería decirme a mi misma, Laura no imagines tanto, que esa asignatura se la saltó o más bien, la olvidó. Es eso, o que el güero no le compró una pizarrita donde ir colocando los acontecimientos importantes, pasados, presentes y futuros, esa misma pizarrita que se usa en toda serie policíaca, en Castle se ve en todos los capítulos (asidua que es una a esta serie norteamericana), y que es muy útil. En caso de no haberle llegado el presupuesto para la citada pizarrita, o para algún estupendo programa que implementar en el ordenador de Ximena, que hubiese avisado, y la pizarrita se la mandaba yo desde España o el mismo programita, que conozco un tío que hace maravillas.

Lo cierto es que, parece, a la señora Ximena Suárez le quedan grandes las historias originales, adaptando historias que previamente ya habían sido novela le ha ido muy bien, aunque el original en el fondo, es lo que importa. Es como el que coge cualquier libro, como Los pilares de la tierra y hace una adaptación más moderna del mismo, la esencia está ahí, pero el del arte, el de la imaginación, el generador de emociones, ese es Kent Follen, no el encargado de la adaptación. Vamos, que si yo no opero a alguien a corazón abierto es porque no soy médico, si yo no diseño un edificio es porque no soy arquitecto, si yo no llevo casos de derecho penal es porque no soy penalista, si la señora no es buena con las ideas originales, que siga con las adaptaciones. En definitiva cuenta, "Manolete si no sabes torear para que te metes" o "zapatero a tus zapatos", el refranero español es muy rico, no cabe duda. Matizo que, según mis internet-investigaciones, la única obra original que Ximena ha escrito se titulaba La Paloma, y no he encontrado ningún dato sobre la misma, en cuanto a su calidad, sólo que fue cancelada.

A todo ésto, alguien debería hacerle llegar al señor de la voz en off, ese que habla al final de cada avance, un resumen del capitulo sobre el que versa el avance en cuestión, porque sus sentencias si están más desatinadas hablan de otra novela.

Ahondando más explícitamente en lo acontecido en La Malquerida, ¿no hubiese sido más acertado que Esteban le hubiese contado lo que estaba pasando a Acacia y ella misma hubiese sugerido que contra los problemas económicos volviese con su madre? ¿No hubiese sido mejor que se explicase por qué Esteban no lucha por lo que le pertenece? Porqué a mi que me expliquen como es posible que, un señor que ha estado de administrador de unas tierras y un negocio que no eran propios, después de diez años, no tenga ahora dinero suficiente para invertir y vivir más que holgadamente, sin entrar en otras posibilidades legales. No más faltaba que nos salgan con que le pagaba una mensualidad a Cristina por vivir en la Benavente, ya puestos al absurdo, más absurdo. ¿No hubiese sido mejor no enredar tanto la maraña entre Acacia y Esteban fuera de la hacienda y haberlo hecho con el regreso de él a la misma? Hay tantas posibilidades, ¡tantas!

Además, hay algo que no entiendo, ¿si se cambió la idea original y no murió ninguno de los pretendientes de Acacia a manos de Esteban, para que carajo (vocablo del sur de España muy apropiado para este momento) le hacen tan malo ahora? Y tampoco malo sino más bien prostituto, porque para mi alguien que se acuesta con otro u otra, o regresa a una relación única y exclusivamente motivado por el tema económico, está ejerciendo el oficio más antiguo del mundo, y me da igual que sea hombre o mujer. Lo que no se puede es tener a un personaje rogando cual perrito faldero, exudando amor en vez de sudor, y en un nano segundo darle este giro de 180º, que no da interés sino que cabrea y frustra, además de ser incomprensible.

Y otra duda que me acecha, ¿en qué momento se cambia a un personaje malvado y se le convierte en manso corderito como por arte de magia? Porque lo del personaje de Norberto es de risa, pero de risa a carcajada limpia, sin previo aviso, así sin más, una mañana se levantó bueno. Ya sólo nos falta que Danilo no acabe en la cárcel por: tráfico de drogas, tráfico de blancas, prostitución de menores, maltrato, proxenetismo, y me dejo algún delito en el tintero. Yo por si acaso voy avisando desde aquí, que esos son delitos aquí en España, en México y en todos los países denominados democráticos, y que no olvide Ximena que ella ha ambientado la novela en México. Lo digo para que por lo menos, en algo no patine y le de a este personaje el castigo ejemplar que merece, que con lo cansinos que han sido con el tema de Turquesa (la auténtica malquerida, visto lo visto) sólo faltaría que no lo tuviesen todo atado y bien atado.

No puedo evitar la comparativa, y es que, pueden gustar más o menos las historias que salen en Telemundo, pero por lo menos son originales, y a mi lo que me sigue sorprendiendo es que, con tanto refrito y adaptación de novelas de otros países, las novelas de Televisa sean las más vistas, y me sorprendo a mi misma viéndolas. Sólo hay que echar un vistazo a las novelas que ahora mismo tienen en parrilla para ver que la originalidad brilla por su ausencia: Yo no creo en los hombres, refrito; La gata, adaptación; Hasta el fin del mundo, adaptación; Mi corazón es tuyo, adaptación. Claro que esta última a mi entender sí se salva, puesto que, aunque es la adaptación de la serie española Ana y los siete, son como la noche y el día, superando aquélla con creces a la original. Y por último, está La Malquerida, que aunque basada en la obra de teatro homónima, por lo menos no ha sido llevada a la pantalla como telenovela hasta ahora, aunque visto lo visto, empiezo a entender un poco a los directivos de Televisa.

Puede que algún día, de ser así, sería muy lejano me temo, se pueda decir que La Malquerida supuso el inicio del cambio. Aunque sospecho que lo único que se dirá al recordar esta novela sea: maldito el día en el que se les ocurrió que fuera Ximena Suárez la encargada de adaptar la obra de teatro del dramaturgo español Jacinto Benavente. Que triste. Que decepción.

martes, 7 de octubre de 2014

Hablando de... Mane de la Parra

No voy a hablar de Mane de la Parra en lo que a su carrera en general se refiere, o sobre sus logros o no logros, simple y llanamente porque no le he seguido, ni sé de su trayectoria lo suficiente como para emitir una opinión un poquito fundada, y tampoco voy a hacer el paripé de usar wikipedia y hacerme la entendida. Lo que quiero hacer, y lo que voy a hacer, es hablar sobre su papel en La Malquerida, hoy quiero hablar sobre Ulises.

Entiendo perfectamente a todas aquellas a las que les gusta el personaje de Ulises, lo entiendo porque es una clase de chico que puede gustar, guapo, simpático, agradable, bonachón, pero para mi que le falta la chispa. Esa chispa que tiene que tener todo personaje para dejarte fascinada, para enamorarte de cada comentario que haga, de cada actuación que tenga, de cada instante en el que aparece en pantalla, incluso cuando hace algo inapropiado, esa chispa te lleva a defenderle, porque sabes que el personaje tiene algo más para darte. No sentí nada de ésto con el personaje de Ulises desde un principio, además de que no le vi ninguna química con Acacia, y es tan importante la química en una pareja dentro de una novela. Importancia que va desde la pareja protagónica hasta la pareja entre personajes satélite. Por qué, si no tienen eso, ¿qué te pueden ofrecer?

Desde un principio Ulises me pareció el típico primer noviete que todas deberíamos tener en nuestra vida. Ese novio que te ilusiona cuando te llama, cuando te escribe, cuando te visita, cuando te da esos besitos monos, esos que están llenos de emoción pero a los que les falta pasión, decisión, determinación, desesperación, amor sin límites. A los que les falta todo lo que todas deberíamos sentir alguna vez en nuestra vida.

La relación entre Acacia y Ulises ha venido siendo una relación de principios, de primeras ilusiones, de primeros besos, de primeras dudas, de primeras discusiones, de primeros apelativos cariñosos, de primeros te quieros, Pero es tan difícil que los principios se conviertan en pasión, en necesidad, en anhelos, en esperanza, normalmente uno usa los principios para conocer sus siguientes, para saber que esperar del amor, para conocer que quiere en su vida y que no; ¡suerte de quien convirtió un principio en un para siempre!

Yo me quedo con el deseo, con la pasión, con la locura, con el amor en toda la extensión de la palabra, con eso que Esteban sí puede dar, yo no quiero principios.

viernes, 3 de octubre de 2014

Arriesgarse en la vida...

Desde que en La Malquerida Esteban invitó a Acacia a arriesgarse con él, desde que Esteban saco todas sus armas de seducción, todo su romanticismo, todo su saber hacer, no hay nada que defina más a las estecias que el deseo de que Acacia se arriesgue. De que se arriesgue a luchar por él, a luchar por ese amor que ambos sienten, que se arriesgue a, usando una frase muy castiza, ponerse el mundo por montera. Y Esteban tiene razón.

Cuando uno se arriesga puede cometer equivocaciones. Cuando uno se arriesga puede sufrir. Cuando uno se arriesga puede arrepentirse. ¿Pero no es más erróneo no arriesgarse y arrepentirse? ¿No es más erróneo levantarte día a día y preguntarte que hubiese sido si? ¿No es más erróneo pensar que tu vida debería estar en otro lugar? Sí, lo es.

La vida se compone de momentos, de instantes, de circunstancias, de acontecimientos, de segundos que vienen y segundos que se van, algunos los controlas, otros te controlan a ti. Y en alguno de esos segundos tienes que tomar una decisión que acabará definiéndote, que acabará determinando quién eres y quién serás, no determinan de dónde vienes pero sí fijan a dónde irás. Uno puede tomar las decisiones más importantes de su vida pensando en otros o pensando en si mismo, y creo, con total honestidad, que hay un segundo, o dos, o tres, en tu vida, que debes pensar egoístamente, que debes pensar sintiendo, que debes pensar escuchando a tu corazón; y mientras todo lo hagas con respeto, cuidado, valentía, arrojo, pasión y amor, nada, al final podrá salir mal.

Arriesgarse en la vida es tomar decisiones. Arriesgarse en la vida es actuar. Arriesgarse en la vida es elegir a quién amar. Arriesgarse en la vida es vivir.

Arriésgate.

jueves, 2 de octubre de 2014

Hablando de... Christian Meier

Me resulta imposible hablar de Christian Meier con la imparcialidad apropiada, tal y como ya dije en mi primer post, me tiene encandilada. Si bien, lo voy a intentar, esa es la ventaja de estar obnubilada, sí, además de encandilada, y no ser fan, que puedes darle algún matiz de objetividad a lo que escribes. Por lo menos lo voy a intentar. No es que no sea fan de Meier porque dicho rol me lo reserve para otro actor, actriz, o artista, no; simplemente que, si tengo que ser fan de alguien en esta vida, soy fan de mi madre y del Papa Francisco.

La primera vez que vi a Meier fue en la telenovela Luz Maria. Cuando la estrenaron por primera vez en España yo era una cría y no fue, hasta varios años después que la pude ver completa en alguna de sus tantas reposiciones. Después de dejarme encantada con su papel de Gustavo, he seguido todas sus telenovelas, aunque de algunas he visto capítulos sueltos, de otras no me he perdido ni uno, como en el caso de La Tormenta, Doña Barbara o Alguien te mira, y por supuestísimo, fiel me tiene con La Malquerida. Muchas cosas llamaron mi atención de esta novela, pero negar que el hecho de que se anunciase a Christian Meier como su protagonista no era una de ellas, sería mentir vilmente. Y ese no es mi estilo.

Reconozco que de haberse elegido otro actor, especialmente pienso en Sergio Goyri, a la segunda semana hubiese dejado de ver la novela día a día, capítulo a capítulo. No tengo nada en contra del señor, pero con los problemas de guión, de continuidad, de definición de personajes, de desarrollo de la trama, tenerle a él hubiese sido la gota que hubiese colmado el vaso de la paciencia de esta novelera. Durante casi 80 capítulos esperé a que empezase el lío, el meollo, el asunto, vamos, en definitiva, la querencia (¡que bien ha venido este vocablo del Rubio!) y estoy plenamente convencida de que, si no me hubiesen puesto de vez en cuando a Meier sin camisa, no hubiese podido soportarlo. Bromas aparte, o ni tan aparte.

Desde el comienzo de la novelaMeier fue el causante de que se crearan dos bandos diferenciados, en un lado los que estábamos conformes y satisfechos con su actuación, y por otro lado los que no le encontraban el punto. Inclusive en muchas ocasiones, se llega a confundir al personaje con el actor, o a la inversa, hay quién no entiende que Christian Meier es Esteban en La Malquerida, pero Esteban no es Christian Meier.

Una de las críticas que más se ha usado, ha sido mediando la comparativa con Pedro Armendáriz, con la fuerza de su mismo personaje pero en la película. Un personaje rudo, muy mexicano, con, si se me permite, ese machismo desagradable. No entiendo que se quisiera extrapolar dicha esencia al personaje de Esteban en la novela, que se pidiese guardar esa similitud con el de Armendáriz, ese matiz de macho mexicano, puesto que no le encuentro ningún sentido a los estereotipos. Aunque si hay algo en lo que estoy de acuerdo, o más bien, que he notado, el cambio que ha dado Meier.

Al principio de la novela le vi excesivamente estático, no sé si por la historia, si por estar grabando en esa producción, si por la presión, o porque la química con Ruffo, en los momentos maritales propios, era más bien inexistente; lo cierto es que no le vi cómodo. Sí que me creía al personaje, sí que empatizaba con él, sí que me ayudo a posicionarme del lado de Esteban, sí que comencé a adorar a éste, pero a él no le veía del todo suelto. No le vi como a Santos Torrealba o a Santos Luzardo, que al verlos parecía que detrás no existía Christian Meier. Lo que no ha cambiado ha sido la química existente entre él y Ariadne Diaz desde el minuto uno ¡impagable! Y cuando digo el minuto uno creo que me estoy alejando, porque me da a mi que es más apropiado hablar desde el segundo uno; cuando ella camina por la hacienda, recién llegada, y él la ve caminando, justo antes de presentársele como el patrón de la Benavente. Ahí yo pensé ¡por favor que tengan muchas escenas juntos!

Se ha dado un cambio en Meier, no sabría decir ni en que capítulo, ni en que minuto, ni en que escena. Sólo se que ahora lo disfruto aún más si cabe. Así que entre ésto, su manera de andar, su mirada, su voz, su porte, su sonrisa, como le quedan las camisas, como le queda el no llevar camisa... ¿A quien quería yo engañar cuando al principio de este post escribía que iba a intentar ser objetiva? Prometo que intentarlo, ¡lo intenté!

lunes, 29 de septiembre de 2014

Finales para La Malquerida

Antes de darle rienda suelta a mi imaginación y plasmar aquí los tres finales resultantes, quiero dejar en claro, para que no haya lugar a dudas, que yo no soy guionista y no es mi intención hacer creer al mundo que sí lo soy. Dicho esto, ¡ahí van!

Final alternativo 1-.

Cristina, Esteban y Acacia se encuentran en el salón de la Benavente, alejados entre sí. No dicen nada, ya todo se ha descubierto. Héctor acaba de marcharse, después de contar toda la verdad: la pasión vivida entre Acacia y Esteban; el asesinato de Manuel a manos del Rubio, por haber dejado embarazada a Luisa; el asesinato de Alonso a manos de Norberto, y la culpa de Esteban por haber deseado su muerte, y no haber revisado su montura.

Cristina llora pero en silencio, sin decir nada, sólo mirando a su hija y luego a su ex marido, una y otra vez, sin creer ni comprender lo que le han hecho. Esteban sólo mira a Acacia, esperando que ella se decida y se vaya con él. Ella lo mira, y durante un breve instante sus miradas coinciden, pero entonces ella se da la vuelta y se dirige hacia su madre. Se queda quieta frente a ella, apenas a unos centímetros, no la mira a los ojos, la vergüenza le puede. Se mira las manos. Se arrodilla. Abraza a su madre, apoyando su cabeza.

ACACIA: Mama, perdóname... Perdóname mama... Perdóname.

Comienza a llorar amargamente.

Cristina se lleva las manos a la cara, se seca las lágrimas. Baja levemente la mano hacia la cabeza de Acacia, no puede tocarla.

CRISTINA: Acacia, ¿como pudiste?...

Vuelve a bajarla con más decisión y finalmente le acaricia el pelo.

CRISTINA: Eres mi hija... Y como madre... Como madre... Como madre te perdono.

Esteban contempla la escena, agacha la cabeza, acariciando la pulsera que Acacia le regaló. Vuelve a mirar a madre e hija abrazadas, y se va. Acacia se separa de su madre lentamente, se pone en pie, la mira por primera vez directamente a los ojos.

ACACIA: Te pido y te pediré perdón... Siempre.

Acacia sale corriendo siguiendo a Esteban. Cristina corre tras ella. Esteban se está subiendo a su coche, y antes de que lo haga Acacia le alcanza. Él le acaricia el rostro, la besa levemente, y se abrazan. Justo en ese momento Cristina llega a la puerta y los ve. Acacia antes de subir al coche, acompañada por Esteban, se gira y mira una última vez a su madre, y ésta levemente sonríe, ha ganado la madre a la mujer que viven en ella.

Mientras Esteban hace lo propio y se monta en su coche, Héctor se acerca a Cristina por detrás, despacio, ha estado esperando pacientemente. Ella nota cómo se acerca y se coloca a su derecha, mueve levemente la cabeza.

CRISTINA: Gracias por estar aquí. Eres el mejor de los amigos.

HÉCTOR: De momento, Cristina. Hasta que tú me dejes ser algo más.

Ella esboza una leve pero emocionada sonrisa. Esteban y Acacia ya se han marchado. Cristina y Héctor se dirigen hacia la casa, mientras él delicadamente va posando su mano en la espalda de ella hasta que finalmente le agarra por la cintura. Unos pocos pasos después ella hace lo mismo. Abrazados, entran juntos en la Benavente.


Final alternativo 2.-

Esteban llega a la Benavente, está en el patio mirando hacia la casa. Acacia sale de la misma y corre hacia él.

ACACIA: Esteban vete, vete ya. Norberto te busca para matarte. Vete, vete ya.

Le empuja repetidamente mientras se lo dice, y las lágrimas inundan su cara.

ESTEBAN: No sin ti... Huye conmigo Acacia, vámonos donde seamos felices. Ven conmigo.

Se besan apasionadamente, en el preciso instante en que Cristina se acerca corriendo a ellos desde la casa.

CRISTINA: Por Dios santo Esteban ¿que haces? ¿Vosotros? ¿Era verdad lo que me decían? No, no, no, no. ¡Esto no es verdad, esto es una pesadilla!

Ellos se separan y la miran culpables.

CRISTINA: Acacia dile que le ves como un padre, dile que lo que está haciendo no está bien, dile... ¡Díselo Acacia, díselo!

Aparece Norberto empuñando un arma, dispara a Esteban y éste cae al suelo.

ACACIA: Nooooo... ¡Esteban! Noooooo

Se arrodilla junto a él, mientras se oyen las sirenas de los coches de policía. Ni Cristina ni Norberto se mueven, él sigue empuñando el arma.

ACACIA: Te amo Esteban, te amo, te amo, te amo, te amo... Aguanta, ya llegan. Aguanta mi amor, aguanta por favor, aguanta. Te amo. Te amo. Te amo.

Se acerca a su oído.

ACACIA: No te puedes morir... Vas a tener un hijo.

Esteban sonríe, mientras las lágrimas resbalan por su cara. Acerca lentamente su mano al rostro de Acacia, la acaricia. Ella cierra los ojos, mientras apoya su cara en su mano.

ESTEBAN: Acacia... Eres lo más hermoso de mi vida... Te amaré siempre.

Muere. Acacia lo abraza mientras llora desconsolada.

Tres años después.

Cristina deposita dos margaritas en dos tumbas, una flor por cada tumba. En ellas se lee únicamente Acacia, Esteban. Nada más. Se da la vuelta y se dirige hacia Héctor que la espera con una pequeña niña en brazos.

CRISTINA: Nunca superaré este dolor...

HÉCTOR: Sé que jamás lo superarás, pero yo te ayudaré a que vivas con él y seas feliz. Juntos criaremos a esta niña. Acacia te lo pidió. Ella quiso que salvaran su vida, y tú y yo la amaremos como si fuera nuestra.

Héctor abraza a Cristina y juntos se van alejando de las tumbas.


Final alternativo 3.-

En el salón de la Benavente, Cristina, Esteban y Acacia.

CRISTINA: Esteban dile que la ves como una hija. Acacia dile que es otro padre para ti. Hacedlo... ¿Por qué no lo hacéis?

Acacia y Esteban se miran, ella agacha la cabeza y va hacia su madre, se arrodilla ante ella, la abraza.

ACACIA: Te quiero mama... Perdóname... Eres mi madre, y eso es lo más importante.

Esteban las observa, dándose cuenta que Acacia no se va a ir con él y decide marcharse. Acacia lo ve, se levanta y corre hacia él, le agarra de los hombros, en un medio abrazo, acercando su cuerpo al de él, y se acerca a su oído.

ACACIA: Te amo. Jamás amaré como te amo a ti.

ESTEBAN: Algún día este amor dejará de ser un amor prohibido. Te amo, hoy y siempre.

Esteban se marcha, y justo antes de salir de la casa se vuelve y ve a Acacia mirándole, sollozando, y a Cristina acercándose lentamente hacia su hija, para abrazarla.

Tres años después.

En una ciudad alejada de El Soto, Esteban sale de un edificio. Acaricia la pulsera que Acacia le regaló, y sonríe con tristeza. Al levantar la vista la ve ahí de pie, a unos pocos metros de él. Acacia se acerca a él, le acaricia el rostro, poco a poco, con los ojos empañados en lágrimas y sonriendo.

ACACIA: ¿Me has esperado? Di que sí, porque nuestro amor ya no es prohibido.

Esteban sonríe, la coge por la cintura, la atrae hacia él, acaricia su rostro y la besa.

En una galería de Madrid están Cristina y Héctor observando una fotografía de la Benavente, cerca de ellos hay un cartel anunciando la exposición de ella.

Esteban y Acacia están montando a caballo, se sonríen mutuamente, y mientras se van alejando, el cielo sobre la Benavente empieza a adquirir el color del atardecer.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Esteban y Acacia - Acacia y Esteban ¿amor?

Comenzar a hablar de La Malquerida es comenzar por Esteban y Acacia. No porque menosprecie a los demás personajes ni porque crea que no deba comentar las demás tramas, para bien o para mal, sino porque en el capítulo que se transmitió anoche, por fin, se declararon su mutuo amor. Y fue éste el punto de inflexión en esta historia producida por el güero Castro.

La historia de estos dos personajes es complicada, controvertida, y todos los demás calificativos que se les quiera buscar, pero hay algo que no se les puede negar: ¡qué química! Ver a Christian Meier y a Ariadne Diaz compartir sus escenas, mirarse a los ojos, tocarse, y ya no hablemos de besarse, traspasa la pantalla.

No soy muy imparcial con el galán peruano, desde que le vi protagonizar Luz María con Angie Cepeda, caí rendida a sus pies. Su voz, su porte, su manera de andar, su mirada, me atraparon. Aunque hay algo que no se puede obviar, ahora se le ve mucho mejor: se aprecia que se ha hecho al personaje, que se encuentra más cómodo y, sobre todo, que disfruta de las escenas que realiza. Desconozco porque con anterioridad no era así, pero me alegro por él.

Dicho ésto, retomo el hilo de este post, la pareja que sus propias fans han bautizado como "Estecia". Estas fans, autodenominadas estecias, se han convertido en todo un movimiento, un movimiento empeñado en defender esta relación, especialmente de los comentarios excesivamente moralistas que circulan por las redes sociales, aunque haya a quién se le ha ido la mano en esta defensa, rozando la mala educación y la vulgaridad. Pero éste es un tema que trataré otro día. Lo que las estecias ven es amor. Puede que no sea el amor puro y casto al que nos venían acostumbrando en las telenovelas, pero amor al fin y al cabo. Aunque, siendo sinceros, ¿cuántos amores puros y castos se dan hoy en día? Pues muy pocos, o tal vez, ninguno. El mundo cambia y con él cambia absolutamente todo lo que se mueve dentro de él, incluido el amor.

Un hombre humilde y muy atractivo, peón, apasionado, fuerte pero cariñoso, trabajador, entregado, que se enamora de su patrona, una mujer atractiva, mayor que él, pero casada y con una hija, una niña de apenas unos diez años. Viuda ella, él la ayuda a sacar adelante la hacienda de la familia, que pensaba malvender, consiguiendo que se enamore de él y juntos conforman un matrimonio, que no una familia. Familia hubiesen conformado si ella, Cristina, no hubiese decidido ceder ante los caprichos de su pequeña hija, y juntos la hubieran criado, pero no es así. En ese momento ella decide ser mujer antes que madre, cosa que no la honra precisamente, alejando a su esposo de su hija, alejando la posibilidad de que él conviviese con ella a diario, ganándose así su respeto y su cariño como padrastro, queriéndola como hijastra.

La niña crece y se convierte en un mujerón, porque Acacia es un mujerón. Guapa, con carácter pero voluble, caprichosa pero sumisa; y desde el momento en el que él, Esteban, la vuelve a ver, el flechazo es más que instantáneo. No se les puede negar el intento de no sucumbir a lo que sienten, lo hemos sufrido hasta el capítulo 84, no se les puede negar a ninguno de los dos no luchar contra su propio ser, contra su propio sentir, pero hay veces que por más que luches, el amor es mucho más fuerte que tú. Y eso es lo que vimos anoche, un hombre enamorado, una mujer enamorada, que aunque saben que está mal, que aunque saben que pueden herir a mucha gente, sobre todo, a la más importante, a la madre, a la esposa, saben que no pueden dejar escapar el amor.

Quién no haya vivido esos flechazos, quién no haya sentido el deseo, la pasión, la locura, el cosquilleo, las mariposas, la obsesión, las ganas de estar, de tener, de respirar por y para la otra persona... Quién no haya vivido todo ésto, no sabe lo que se está perdiendo.