viernes, 3 de octubre de 2014

Arriesgarse en la vida...

Desde que en La Malquerida Esteban invitó a Acacia a arriesgarse con él, desde que Esteban saco todas sus armas de seducción, todo su romanticismo, todo su saber hacer, no hay nada que defina más a las estecias que el deseo de que Acacia se arriesgue. De que se arriesgue a luchar por él, a luchar por ese amor que ambos sienten, que se arriesgue a, usando una frase muy castiza, ponerse el mundo por montera. Y Esteban tiene razón.

Cuando uno se arriesga puede cometer equivocaciones. Cuando uno se arriesga puede sufrir. Cuando uno se arriesga puede arrepentirse. ¿Pero no es más erróneo no arriesgarse y arrepentirse? ¿No es más erróneo levantarte día a día y preguntarte que hubiese sido si? ¿No es más erróneo pensar que tu vida debería estar en otro lugar? Sí, lo es.

La vida se compone de momentos, de instantes, de circunstancias, de acontecimientos, de segundos que vienen y segundos que se van, algunos los controlas, otros te controlan a ti. Y en alguno de esos segundos tienes que tomar una decisión que acabará definiéndote, que acabará determinando quién eres y quién serás, no determinan de dónde vienes pero sí fijan a dónde irás. Uno puede tomar las decisiones más importantes de su vida pensando en otros o pensando en si mismo, y creo, con total honestidad, que hay un segundo, o dos, o tres, en tu vida, que debes pensar egoístamente, que debes pensar sintiendo, que debes pensar escuchando a tu corazón; y mientras todo lo hagas con respeto, cuidado, valentía, arrojo, pasión y amor, nada, al final podrá salir mal.

Arriesgarse en la vida es tomar decisiones. Arriesgarse en la vida es actuar. Arriesgarse en la vida es elegir a quién amar. Arriesgarse en la vida es vivir.

Arriésgate.

jueves, 2 de octubre de 2014

Hablando de... Christian Meier

Me resulta imposible hablar de Christian Meier con la imparcialidad apropiada, tal y como ya dije en mi primer post, me tiene encandilada. Si bien, lo voy a intentar, esa es la ventaja de estar obnubilada, sí, además de encandilada, y no ser fan, que puedes darle algún matiz de objetividad a lo que escribes. Por lo menos lo voy a intentar. No es que no sea fan de Meier porque dicho rol me lo reserve para otro actor, actriz, o artista, no; simplemente que, si tengo que ser fan de alguien en esta vida, soy fan de mi madre y del Papa Francisco.

La primera vez que vi a Meier fue en la telenovela Luz Maria. Cuando la estrenaron por primera vez en España yo era una cría y no fue, hasta varios años después que la pude ver completa en alguna de sus tantas reposiciones. Después de dejarme encantada con su papel de Gustavo, he seguido todas sus telenovelas, aunque de algunas he visto capítulos sueltos, de otras no me he perdido ni uno, como en el caso de La Tormenta, Doña Barbara o Alguien te mira, y por supuestísimo, fiel me tiene con La Malquerida. Muchas cosas llamaron mi atención de esta novela, pero negar que el hecho de que se anunciase a Christian Meier como su protagonista no era una de ellas, sería mentir vilmente. Y ese no es mi estilo.

Reconozco que de haberse elegido otro actor, especialmente pienso en Sergio Goyri, a la segunda semana hubiese dejado de ver la novela día a día, capítulo a capítulo. No tengo nada en contra del señor, pero con los problemas de guión, de continuidad, de definición de personajes, de desarrollo de la trama, tenerle a él hubiese sido la gota que hubiese colmado el vaso de la paciencia de esta novelera. Durante casi 80 capítulos esperé a que empezase el lío, el meollo, el asunto, vamos, en definitiva, la querencia (¡que bien ha venido este vocablo del Rubio!) y estoy plenamente convencida de que, si no me hubiesen puesto de vez en cuando a Meier sin camisa, no hubiese podido soportarlo. Bromas aparte, o ni tan aparte.

Desde el comienzo de la novelaMeier fue el causante de que se crearan dos bandos diferenciados, en un lado los que estábamos conformes y satisfechos con su actuación, y por otro lado los que no le encontraban el punto. Inclusive en muchas ocasiones, se llega a confundir al personaje con el actor, o a la inversa, hay quién no entiende que Christian Meier es Esteban en La Malquerida, pero Esteban no es Christian Meier.

Una de las críticas que más se ha usado, ha sido mediando la comparativa con Pedro Armendáriz, con la fuerza de su mismo personaje pero en la película. Un personaje rudo, muy mexicano, con, si se me permite, ese machismo desagradable. No entiendo que se quisiera extrapolar dicha esencia al personaje de Esteban en la novela, que se pidiese guardar esa similitud con el de Armendáriz, ese matiz de macho mexicano, puesto que no le encuentro ningún sentido a los estereotipos. Aunque si hay algo en lo que estoy de acuerdo, o más bien, que he notado, el cambio que ha dado Meier.

Al principio de la novela le vi excesivamente estático, no sé si por la historia, si por estar grabando en esa producción, si por la presión, o porque la química con Ruffo, en los momentos maritales propios, era más bien inexistente; lo cierto es que no le vi cómodo. Sí que me creía al personaje, sí que empatizaba con él, sí que me ayudo a posicionarme del lado de Esteban, sí que comencé a adorar a éste, pero a él no le veía del todo suelto. No le vi como a Santos Torrealba o a Santos Luzardo, que al verlos parecía que detrás no existía Christian Meier. Lo que no ha cambiado ha sido la química existente entre él y Ariadne Diaz desde el minuto uno ¡impagable! Y cuando digo el minuto uno creo que me estoy alejando, porque me da a mi que es más apropiado hablar desde el segundo uno; cuando ella camina por la hacienda, recién llegada, y él la ve caminando, justo antes de presentársele como el patrón de la Benavente. Ahí yo pensé ¡por favor que tengan muchas escenas juntos!

Se ha dado un cambio en Meier, no sabría decir ni en que capítulo, ni en que minuto, ni en que escena. Sólo se que ahora lo disfruto aún más si cabe. Así que entre ésto, su manera de andar, su mirada, su voz, su porte, su sonrisa, como le quedan las camisas, como le queda el no llevar camisa... ¿A quien quería yo engañar cuando al principio de este post escribía que iba a intentar ser objetiva? Prometo que intentarlo, ¡lo intenté!

miércoles, 1 de octubre de 2014

Opinando sobre... Mi corazón es tuyo

Para una novelera como yo, es una lástima no poder ver todas las novelas que le llaman la atención, porque ver todas las que se emiten creo que ya es meridianamente imposible. Pero en este momento, si hay dos telenovelas que no puedo dejar de ver, son, por una parte, y se aprecia por mis publicaciones anteriores, La Malquerida, y la otra, Mi corazón es tuyo. No puedo negar que, en un principio, estaba bastante condicionada con esta última, ya que, en su momento, fue una serie española, protagonizada por una actriz que, particularmente, no me inspiraba nada; además de volverse, la serie, a mi entender, bastante tediosa. Sin embargo, cuando se anunció que Juan Osorio iba a adaptar esta serie a novela, me picó la curiosidad. ¡Y qué bien hizo en picarme! Qué delicia de novela, qué entretenida, qué dinámica, qué emotiva pero con cuantos matices divertidos, y qué, sobre todo, entrañable.

El guión está perfectamente hilvanado, las escenas se suceden con una frescura y una naturalidad sublimes. Claro que, como en toda novela, o producción audiovisual, ésta también tiene sus fallitos, pero creo que estos fallitos se vuelven imperceptibles frente al resto de la producción. Así, en el caso del periplo sufrido por Ana junto a su amiga Jenni, para llegar a la boda de ésta, hay quién puede pensar que las peripecias vividas estaban de más, o que no era nada nuevo, pero no se vio así, porque estuvo tan bien cuidado, tan divertidas pero a la vez tan tiernas, tan bien hilado con el resto de la trama, que en vez de ridículo se vio perfecto. Ni siquiera les es necesario dar esos finales de viernes tan famosos en las novelas, con tantísima tensión, porque esa tensión la vives día a día, día a día quieres ver un nuevo capítulo.

Para hablar del elenco debo empezar por Silvia Navarro. ¿Y qué decir de Silvia Navarro? Pues que está sencilla y llanamente soberbia. No se puede decir mucho más, ni mucho menos. Está graciosa, tierna, divertida, cariñosa, furiosa, pero todo en la misma linea, todo acorde al personaje, sin salirse ni una linea de éste, de su esencia. Te la crees tanto que cuando llora quieres correr a abrazarla, que cuando mira a Fernando te entran ganas de ir a ella y decirle "ve a él", que cuando está con los niños no parece que exista un guión, simplemente ves una relación entre los niños y su nana, más aún, sientes que los quiere, los cuida, los procura como una madre. Y de como baila el tubo no hablo, ¡que la envidia es muy mala!

Por otro lado, no creo poder volver a hablar de Jorge Salinas sin pensar en Fernando, la antítesis de Ana, pero a la vez su complemento ideal. Esas miradas que Fernando le lanza a Ana, esas contestaciones pijosillas que se dan el uno al otro, la forma de tratar aquél a sus hijos y como va evolucionando durante todos los capítulos... La verdad es que Jorge Salinas me ha sorprendido. Si bien Silvia Navarro siempre me ha gustado, desde que la vi en Cuando seas mía, de Jorge apenas había visto algún que otro trabajo, así que mi sorpresa ha sido muy grata. La pareja que pueden llegar a formar Fernando y Ana es tan maravillosa, sólo había que ver la complicidad que mostraban en el capítulo de anoche cuando hablan con Nando y su novia Jimena, como Ana acaba las frases de Fernando, para que así él no meta la pata, como él le hace el gesto de adelante, tienes razón. Sencillamente son la imagen de una maquinaria perfecta. Tal vez a esta pareja le falta dar en pantalla la imagen de la pasión, del deseo el uno por el otro, más allá de las miradas y la ternura, pero creo que como bien ha hecho la producción de Juan Osorio, aquí no procede. Una novela que claramente esta pensada para ahondar en las relaciones familiares, en los valores, en la educación de los hijos, en la superación de los problemas; no necesita traer la pasión o el deseo entre los protagonistas a colación.

Siguiendo con parte del elenco, no he visto muchos trabajos de Mayrin Villanueva, quizás porque la temática de las mismas no es la que más me interesa, o porque no se les dio la apropiada publicidad para gente que vivimos fuera de México, sea por lo que fuere. Sí que vi algunos capítulos de Mentir para vivir y me gustó en su papel, me pareció muy tierna, muy adecuada, muy creíble. Al partir del recuerdo de este papel, cuando apareció en la piel de Isabela. tenía mis dudas, dudas que se disiparon en la segunda escena. Ya me había atrapado, me fascinó. Es una malvada que acabas adorando, una malvada que no sabes si quieres cachetear o llevártela de copas, una malvada que jamás querrías tener como enemiga, pero como amiga tienes hasta tus dudas, y que eso lo consiga un actor, durante tantos capítulos, es tan complicado, y, sin duda, ella lo está consiguiendo.

Entre los personajes, fuera de este trío protagónico, tengo que destacar a Lisardo en su papel del malvado Enrique, al que le ha dado cierto toque de malo de película de Disney, rozando una ridiculez graciosa, adecuada y divertida, en el que está más que genial. Creo que este papel será para él un punto de inflexión de aquí en adelante, porque esos momentazos suyos cantando el 'O sole mio son inenarrables e impagables. Tampoco me puedo olvidar a Adrián Uribe y las ocurrencias del Johnny, lo hace tan fantásticamente bien que no sabes si son de guión, si son cosecha de él mismo, o un cumulo de ambos; y es que en ese personaje de canallita tierno y divertido, de esos que si son tus amigos quieres estrangular a diario, pero cuidado te lo toquen, está siendo clave en la novela. Así lo demuestra con ese trío de amigos que conforma con Ana y Jenni, los tres parecen amigos de toda la vida, se nota la química, te da la sensación de estar viendo a tres amigos a través de una cámara oculta.

Aún me quedan algunos personajes por comentar, pero eso será en otro post. Eso sí, una hecatombe se tendría que dar dentro de esta producción para que deje de decir que me parece una novela en lineas generales muy buena. Maravillosa.

martes, 30 de septiembre de 2014

Las novelas no educan, las novelas entretienen

Lo cierto es que hoy pensaba enfocarme en otro tema, más concretamente en Mi corazón es tuyo, pero aún cabiendo la posibilidad de escribir más tarde un post sobre esta novela, no puedo no plasmar en estas lineas lo que opino sobre quien asevera que la novela La Malquerida es un muy mal ejemplo, y que producirá, más o menos, un desequilibrio en la sociedad, y una oleada de hijastras seduciendo a sus padrastros.

Me sorprende sobremanera que se le dé a una novela la responsabilidad de educar a las generaciones más jóvenes, y digo que me sorprende sobremanera, porque a mí quienes me educaron fueron mis padres. No se pueden confundir términos, o no se le puede dar cometidos específicos a lo que no ha nacido con tales propósitos, y es que las novelas no educan, entretienen. El hecho de que se tomen con mayor o menor pasión, que quiénes la vean se involucren en la trama en mayor o menor medida, que se vivan apasionadamente o la comenten, o por el contrario, que el espectador se desinterese de todo aquello alejado a la simple visualización del capítulo diario; son dos posturas, tan válida la una como la otra.

Cuando las tramas de las novelas se basaban, única y exclusivamente, en la niña pobre que conoce al hombre rico y juntos acaban viviendo el final feliz de cuento de hadas, después de vivir una y mil penurias, que dependerán del grado de maldad del personaje antagónico, ¿se estaba dando a entender que no hay que esforzarse en la vida, porque al final tu príncipe azul siempre aparecerá para darte vida de reina? Pues no. Problema de la que viendo una novela piensa así. Vuelvo a ponerme de ejemplo, el haber visto un sinfín de este tipo de historias no impidió que siguiese estudiando, que me sacase mi carrera, que trabajase, que me esforzase, incluso en la búsqueda del príncipe azul. ¿Y por qué? Porque me educaron así, me educaron en el esfuerzo, en el auto-crecimiento personal. Mis padres dedicaron su tiempo, sus ganas, sus esfuerzos, en hacer que ésto fuera así.

Decir que por ver La Malquerida una hija va, automáticamente, a "levantarle" el marido a su madre, es, de primeras, absurdo. O acaso, ¿cuando la antagonista en una novela hacía mil maldades a los protagonistas, automáticamente quien veía la novela en cuestión hacía lo propio? Reitero, absurdo.

Más deberían preocuparse los moralistas en particular, y la sociedad en general, de los niños que se mueren de hambre, de las guerras por religión, por petroleo, la crisis económica, los asesinatos, la violencia de genero, la trata de blancas, el maltrato infantil... Y así podría seguir hasta mañana.

Hay que diferenciar entretenimiento de educación, realidad de ficción. Y quien no sea capaz de tal diferenciación, debería apagar su televisión, o desconectar el wifi de su casa y coger un libro. Yo les paso una lista.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Finales para La Malquerida

Antes de darle rienda suelta a mi imaginación y plasmar aquí los tres finales resultantes, quiero dejar en claro, para que no haya lugar a dudas, que yo no soy guionista y no es mi intención hacer creer al mundo que sí lo soy. Dicho esto, ¡ahí van!

Final alternativo 1-.

Cristina, Esteban y Acacia se encuentran en el salón de la Benavente, alejados entre sí. No dicen nada, ya todo se ha descubierto. Héctor acaba de marcharse, después de contar toda la verdad: la pasión vivida entre Acacia y Esteban; el asesinato de Manuel a manos del Rubio, por haber dejado embarazada a Luisa; el asesinato de Alonso a manos de Norberto, y la culpa de Esteban por haber deseado su muerte, y no haber revisado su montura.

Cristina llora pero en silencio, sin decir nada, sólo mirando a su hija y luego a su ex marido, una y otra vez, sin creer ni comprender lo que le han hecho. Esteban sólo mira a Acacia, esperando que ella se decida y se vaya con él. Ella lo mira, y durante un breve instante sus miradas coinciden, pero entonces ella se da la vuelta y se dirige hacia su madre. Se queda quieta frente a ella, apenas a unos centímetros, no la mira a los ojos, la vergüenza le puede. Se mira las manos. Se arrodilla. Abraza a su madre, apoyando su cabeza.

ACACIA: Mama, perdóname... Perdóname mama... Perdóname.

Comienza a llorar amargamente.

Cristina se lleva las manos a la cara, se seca las lágrimas. Baja levemente la mano hacia la cabeza de Acacia, no puede tocarla.

CRISTINA: Acacia, ¿como pudiste?...

Vuelve a bajarla con más decisión y finalmente le acaricia el pelo.

CRISTINA: Eres mi hija... Y como madre... Como madre... Como madre te perdono.

Esteban contempla la escena, agacha la cabeza, acariciando la pulsera que Acacia le regaló. Vuelve a mirar a madre e hija abrazadas, y se va. Acacia se separa de su madre lentamente, se pone en pie, la mira por primera vez directamente a los ojos.

ACACIA: Te pido y te pediré perdón... Siempre.

Acacia sale corriendo siguiendo a Esteban. Cristina corre tras ella. Esteban se está subiendo a su coche, y antes de que lo haga Acacia le alcanza. Él le acaricia el rostro, la besa levemente, y se abrazan. Justo en ese momento Cristina llega a la puerta y los ve. Acacia antes de subir al coche, acompañada por Esteban, se gira y mira una última vez a su madre, y ésta levemente sonríe, ha ganado la madre a la mujer que viven en ella.

Mientras Esteban hace lo propio y se monta en su coche, Héctor se acerca a Cristina por detrás, despacio, ha estado esperando pacientemente. Ella nota cómo se acerca y se coloca a su derecha, mueve levemente la cabeza.

CRISTINA: Gracias por estar aquí. Eres el mejor de los amigos.

HÉCTOR: De momento, Cristina. Hasta que tú me dejes ser algo más.

Ella esboza una leve pero emocionada sonrisa. Esteban y Acacia ya se han marchado. Cristina y Héctor se dirigen hacia la casa, mientras él delicadamente va posando su mano en la espalda de ella hasta que finalmente le agarra por la cintura. Unos pocos pasos después ella hace lo mismo. Abrazados, entran juntos en la Benavente.


Final alternativo 2.-

Esteban llega a la Benavente, está en el patio mirando hacia la casa. Acacia sale de la misma y corre hacia él.

ACACIA: Esteban vete, vete ya. Norberto te busca para matarte. Vete, vete ya.

Le empuja repetidamente mientras se lo dice, y las lágrimas inundan su cara.

ESTEBAN: No sin ti... Huye conmigo Acacia, vámonos donde seamos felices. Ven conmigo.

Se besan apasionadamente, en el preciso instante en que Cristina se acerca corriendo a ellos desde la casa.

CRISTINA: Por Dios santo Esteban ¿que haces? ¿Vosotros? ¿Era verdad lo que me decían? No, no, no, no. ¡Esto no es verdad, esto es una pesadilla!

Ellos se separan y la miran culpables.

CRISTINA: Acacia dile que le ves como un padre, dile que lo que está haciendo no está bien, dile... ¡Díselo Acacia, díselo!

Aparece Norberto empuñando un arma, dispara a Esteban y éste cae al suelo.

ACACIA: Nooooo... ¡Esteban! Noooooo

Se arrodilla junto a él, mientras se oyen las sirenas de los coches de policía. Ni Cristina ni Norberto se mueven, él sigue empuñando el arma.

ACACIA: Te amo Esteban, te amo, te amo, te amo, te amo... Aguanta, ya llegan. Aguanta mi amor, aguanta por favor, aguanta. Te amo. Te amo. Te amo.

Se acerca a su oído.

ACACIA: No te puedes morir... Vas a tener un hijo.

Esteban sonríe, mientras las lágrimas resbalan por su cara. Acerca lentamente su mano al rostro de Acacia, la acaricia. Ella cierra los ojos, mientras apoya su cara en su mano.

ESTEBAN: Acacia... Eres lo más hermoso de mi vida... Te amaré siempre.

Muere. Acacia lo abraza mientras llora desconsolada.

Tres años después.

Cristina deposita dos margaritas en dos tumbas, una flor por cada tumba. En ellas se lee únicamente Acacia, Esteban. Nada más. Se da la vuelta y se dirige hacia Héctor que la espera con una pequeña niña en brazos.

CRISTINA: Nunca superaré este dolor...

HÉCTOR: Sé que jamás lo superarás, pero yo te ayudaré a que vivas con él y seas feliz. Juntos criaremos a esta niña. Acacia te lo pidió. Ella quiso que salvaran su vida, y tú y yo la amaremos como si fuera nuestra.

Héctor abraza a Cristina y juntos se van alejando de las tumbas.


Final alternativo 3.-

En el salón de la Benavente, Cristina, Esteban y Acacia.

CRISTINA: Esteban dile que la ves como una hija. Acacia dile que es otro padre para ti. Hacedlo... ¿Por qué no lo hacéis?

Acacia y Esteban se miran, ella agacha la cabeza y va hacia su madre, se arrodilla ante ella, la abraza.

ACACIA: Te quiero mama... Perdóname... Eres mi madre, y eso es lo más importante.

Esteban las observa, dándose cuenta que Acacia no se va a ir con él y decide marcharse. Acacia lo ve, se levanta y corre hacia él, le agarra de los hombros, en un medio abrazo, acercando su cuerpo al de él, y se acerca a su oído.

ACACIA: Te amo. Jamás amaré como te amo a ti.

ESTEBAN: Algún día este amor dejará de ser un amor prohibido. Te amo, hoy y siempre.

Esteban se marcha, y justo antes de salir de la casa se vuelve y ve a Acacia mirándole, sollozando, y a Cristina acercándose lentamente hacia su hija, para abrazarla.

Tres años después.

En una ciudad alejada de El Soto, Esteban sale de un edificio. Acaricia la pulsera que Acacia le regaló, y sonríe con tristeza. Al levantar la vista la ve ahí de pie, a unos pocos metros de él. Acacia se acerca a él, le acaricia el rostro, poco a poco, con los ojos empañados en lágrimas y sonriendo.

ACACIA: ¿Me has esperado? Di que sí, porque nuestro amor ya no es prohibido.

Esteban sonríe, la coge por la cintura, la atrae hacia él, acaricia su rostro y la besa.

En una galería de Madrid están Cristina y Héctor observando una fotografía de la Benavente, cerca de ellos hay un cartel anunciando la exposición de ella.

Esteban y Acacia están montando a caballo, se sonríen mutuamente, y mientras se van alejando, el cielo sobre la Benavente empieza a adquirir el color del atardecer.